martes, 24 de mayo de 2016

Lo soy.
Lo conseguí.
Un gatito se me aparece en el espejo cada mañana. Una pantera negra de ojos rasgados y profundos me da la enhorabuena por haber aprendido a cabalgar sola.

Soltar. Qué bonita palabra, verdad?
Hay un libro en este planeta que leí a los veinticuatro. Desde entonces me corroe las venas.
En no sé qué capítulo, La princesa que creía en los cuentos de hadas aprende a desprenderse de aquello que tanto ama. Y que tanto la daña.

Hay cactus que no pueden dejar de serlo. Y yo, con esta piel de globo, siempre he buscado en ellos todo eso que todo el mundo parecía haber encontrado.
Me equivoqué tantas veces. Cuánto aprendí. Cuánto lloré. Cuánto exprimí las experiencias. Cuánto amor tirado a vertederos humanos. Cuántas preguntas. Cuánto desequilibrio. Cuánta vida en mi costado.
Y qué bien sabes?... Qué buena pinta tiene la pantera. Y también la tuvo el perrito de la vez anterior.
Porque soy todo eso. Y todo está bien.

Total, no voy a salir viva de aquí... Porque un día nos vamos a morir, pero todos los demás no.







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