martes, 24 de mayo de 2016

Lo que querías tener y nunca tuviste.
Allí donde se quedaron todas tus huellas. Con tacones, descalza, de puntillas, con los talones anclados, con los deditos firmes. Tus pies en el lodo, en el barro removiendo una y otra vez el agua viscosa.
Lo que querías tener y nunca tuviste.

Todo eso volverá de vez en cuando a amargarte algunas de las noches que te esperan.
Puede que seas feliz. Te sentirás así muchas veces. Pero a veces tendrás que decirle a esa tú que te habita de vez en cuando que sí, que vale, que qué razón tienes y que qué triste y penoso es el arcoiris este, y que le falta un color, y que no brilla igual, y que vete a saber qué más.

Crecí sintiéndome carente de algo. Mi esqueleto está impregnado de eso. Dos huesos menos. Tres. Es mentira supongo, pero yo no los siento. Tatuada de ausencia, de búsqueda, de correr despavorida hacia algún lugar. Un inmenso agujero en no sé dónde.

No me falta nada. Respiro y vuelo cada mañana cuando suena el despertador. Pero a las dos del mediodía de algunas noches tengo mucho frío. Hasta que amanece de nuevo en el epicentro.

Lo que querías tener y nunca tuviste.

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