lunes, 30 de mayo de 2016

Lo peor de todo es que te has cargado a Quique. Que has hecho que me duela escucharlo. Que me acuerde de las mil trescientas canciones que íbamos a cantar juntos una noche de no sé cuándo.
Que los conserjes de noche suenen a fantasmas de madrugada con estrellas ninja clavadas en la solapa. Que si la suerte es una ramera, que si las terminales de aeropuerto...que si quedó algo de nosotros en esos lugares. Maldito cabrón, has conseguido que todos los lugares se quedasen con algo de nosotros. Algo tuyo. Todo el resto mío.

Recuerdo cuando antes, de pequeña, al volver de los conciertos de Bruce se me aparecía el nudo del abdomen en todos los océanos. Me temblaba el corazón sin quererlo. Me lloraba la garganta, la identidad se me iba desvaneciendo... porque yo quería ser todo eso y lo único que tenía era el silencio.

Has hecho todo eso con Quique. Que el silencio reine detrás de todos los estribillos, que haga frío, que el corazón suene a piedrecitas rotas cada vez que late. A cristales arrastrados por el suelo, como la ropa de Quique en la puta canción de siempre.


Yo siempre estaba dispuesta... 
Antes.



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