sábado, 30 de abril de 2016

El día de la madre dice.
Como si la vida misma no fuese una madre todos los santísimos días.
Yo tengo una de esas a las que lo primero que le vi fue el dolor. Y la soledad. Y la sumisión. Y el no decir, y el callar, y el mejor lidiar que mostrarse.

Yo tengo una de esas que con comida arreglaría todas las guerras del mundo.
Con croquetas. Con ternera en salsa.

El día de la madre.
Y compramos regalos para que recuerden que son importantes.
El corte inglés sabe mucho de todas estas cosas.

Yo tengo una madre de las de sostener. De las que tienes que amar. Si no lo haces es porque eres un maniquí. Y no te diré que ha estado ahí cuando yo más la necesitaba. Ni puedo decirte que me escucha siempre, ni que me empuja, ni me que apoya ni que me anima a hacer cosas que nadie comparte. No. Mi madre no es eso.

Es todo lo demás.

Existe.
Mi madre está.
Y eso me hace a mi ser quien soy.
Sólo porque respira el mismo aire que yo. Y compartimos espacio en este planeta. Y el reloj da las mismas horas. Y puedo escucharla cuando descuelga el teléfono contándome que se le ha debido de apagar y que hay que llamar a orange porque algo no funciona.

Mi madre.



No hay comentarios: