miércoles, 2 de marzo de 2016

Muchas veces hablo sola.

No sé de qué te sorprendes, tú también lo haces, siempre, continuamente... Es sólo que sin sonido de voz aterciopelada. Tienes dentro un continuo discurso, monólogo, conversación contigo mismo. Como cuando te dices a ti mismo que quieres chocolate y otro tú mismo dice que mejor que te comas una fruta.
Y otro tú dice, bueno, por hoy no pasa nada.
Ya, pero no, que luego no me gustan las lorzas.
Estás demasiado poseído por la industria del culto al cuerpo.
Total, vas a estar gordo siempre.
Ya, pero qué más da, si no disfruto de las pequeñas cosas...
Sí, pero luego lloras cuando nadie te mira por la calle.
Estoy solo, pero me siento bien.
No te lo crees ni tú.
Bueno, va, pondré la tele mientras me como el chocolate.

Cosas así, ya sabes.

Yo muchas veces hablo sola, con sonidos digo. Me sirve para saber qué pasa por ahí dentro, quién gobierna el cotarro, quién dice llevar el timón. Tengo mil quinientas voces diferentes. Cuando me dio por escucharlas (con voz) me di cuenta de que algunas eran absolutamente abominables. Esto es, me hablaba a mi misma con más ira de la que jamás he hablado a nadie ajeno.
Me senté en los peldaños de casa y flipé. Cojones! Cómo podía tratarme tan mal?.

Y como esa, descubrí otras cosas, a la víctima, a la dramática, a la que se ilusionaba sin peso alguno de realidades, la que prefería soñar a vivir... En fin, que todo un submundo que tenía demasiado de verdad. Esto es, vivía más entre todo ese ruido que en la verdad verdadera. Ay los pensamientos.

No es que tenga claro, después de tanta charla íntima e intransferible, cuál de esas 'soy'. Todas, supongo. Dicen los libros de los listos que soy la que observa. Pero estoy muy lejos de ser la impasible presencia que vive, siente, escucha y observa lo que hago sin emitir juicio alguno. Como cuando veo una peli o una serie. Sé que son una peli y una serie, pero me implico. No me gusta, sí me gusta, pondría otro final, otro personaje. Pues parecido.

Para lo que sí me ha servido es para no tomarme en serio. De verdad. Bueno, a veces sí, me meto en el papel y soy obcecada, cabezota, cerril. Pero sí he conseguido reírme de mi. Es un placer la verdad. Cuánta tontería y qué poca alma, hija.

Menudo universo tenemos dentro.


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