sábado, 30 de enero de 2016

No lo sé, pero tengo ganas de llorar.
Y no lo sé, no es por nada, de verdad.
No sé, eso.
Escucho a David Bowie y ya ves tú la tontería, empiezo. Por alguna había que empezar. Y Freddie con su Bohemian Rhapsody, pues también. No voy a poner a Eddie por si me da el síncope y entro en el bucle tan conocido y tan aburrido y tan cansado.
Y no es eso, no es el drama, no es la voz neurótica conocida, la paranoias, la que armaba el sufrimiento universal en un plis con apenas un gramito de dolor del puro. Del sano.
Cuando descubres que toda la locomotora mental que te ha estado acompañando durante cuarenta años no funciona, no sirve, no es real... hay un espacio aquí que... No lo sé.
Ya no sirve montar un futuro al que llegar, con sus flores y su aroma y su viento fresco. Ya no sirve el castillo en el aire al que ascender y escalar y luchar mucho y muy fuerte por entrar. Y ya no sirve un plan por aquí, plan por allá. Correr. Perseguir. Alcanzar. Soñar. Ay.
Y entonces no sé.
No soy la línea de las maquinitas del hospital...no subo, bajo, caigo, asciendo, vuelvo a tropezar y me vuelvo a levantar.
Soy más agua templada y las ideas como olas, txunamis, pequeño vaivén. Y no me alcanzan. Algunas de ellas. Las veo venir, volver. Y yo aferrada a mi timón. Esa otra cosa que está en el centro del epicentro.
Pero no sé. Tengo ganas de llorar.
No termino de sentirme suelta en el camidestino de este ahora maravilloso.
Es como permanecer en un teatro donde ya no hay función. Y los actores vienen de vez en cuando y dicen, eh! Queremos actuar. Y el timón dice pfff, me aburrís. Sin maldad, eh? Pero es que ya no me divierto, ya no me gustáis, ya no me enriquecéis.
Pero sigo en el teatro.
Y no sé qué hacer.
Porque sé que las herramientas de antes no sirven. Ni escribir. Ni dibujar. Ni la música del Bruce que sacaba un poco de todo. Y es como buscar en el baúl de siempre lo de siempre. Y es como ver una y otra vez que nada de lo que hay ahí (todos los patrones mentales y de actitud y de dolor y de drama y de qué sé yo), pues que no los quiero ya.
Y no termino de encontrar un nuevo baúl. Quizá ni siquiera necesito baúl. Lo sé.
Pero tengo ganas de llorar.


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