domingo, 1 de abril de 2012

No todos los ríos terminan en el mar, que lo sé yo

Tengo una fábrica de sonrisas que cerró cuando escribí la entrada anterior. Huelga general de ahínco y entusiasmo. Jornada corta de reflexión y avituallamiento y pare usté de contar. Piquetes apacibles hicieron el resto. Bastó algún empujón y mirada repentina al pasado de otros lustros para remontar el vuelo que hace algún tiempo decidí emprender. Castillos en el aire que pa'eso es el cielo urbanizable (MacGregor lo ideó), estrellas fugaces que por algo me piden ellas como deseo al pasar (ja!) y demasiados abrazos alrededor. Soy viento y también soy la veleta. Soy vida y aun así muero de vez en cuando. Soy la dueña de la empresa que abre este párrafo. Y también sé llorar con mucho ruido y abundantes veces. Esa es mi evolución, esa es mi vida. Puedo morir en este mismo instante tan feliz como deseé. No quiero, como ustedes, pero encontré la calma que aun en los vendavales me resguarda del huracán. La fábrica no cierra, vacaciones eventuales, sí, pero nunca he perdido las ganas de aprender; por eso, por eso tengo la vida clavada en las costillas con forma de... (he aquí el término adecuado al gusto del consumidor que también soy yo) 

1 comentario:

BarbaKana dijo...

-por eso tengo la vida clavada en las costillas con forma de esperanza...
-por eso tengo la vida clavada ,y las costillas con la forma de una incognita...
-por eso tengo clavadas tus costillas en mi vida sin forma...
-por eso tengo costillas ,para clavarme la vida en ellas...