miércoles, 4 de abril de 2012

Los elfos tampoco llegan a fin de mes

Me dice que quizá ese lugar al que nosotras llegamos sea difícil de alcanzar. 
Que eso que a mí me rodea y me inunda y me absorbe como si fuese agua y yo una esponja amarilla de baño que no deja de empaparse y nutrirse y modelarse, y llamémosle amor a eso que me impregna y descoloca y desborda y aniquila, quizá eso, el lugar, el mundo más grande de todos los mundos,  tan sólo sea para otros, para ellos, una historia repetida en los cuentos, un final que sonríe y entretiene y hasta llena. Llenar. Como si el llenar no se me hubiese quedado corto hace ya muchos lustros. Que lo que empaña párpados, lo que derrumba cimientos, lo que tambalea piernas y pone a bailar a los pulmones que de tanto que se mueven no caben dentro y llamarle ansiedad a eso que se sale del cuerpo y aprovecha la hierba que otros llaman vello para hacerse aun más grande, que el aire ya no sea brisa y el huracán y el vendaval vivan contigo, en el centro, aunque no sepas lo que es el centro y tampoco te importe describirlo. Que allí, que en eso, que en esto y en aquello, ellos, los otros, no saben vivir. 
Demasiado lejos queda la magia para otros, para ellos. Desconocer; no puedes alcanzar la magia si ni siquiera sabes que existe. O peor aun, sin creerte duende. 

1 comentario:

Toni Barnils dijo...

Me toca, y me toca por que alguien muy querido un día le puso nombre a mi blog, y lo llamó "El duende Toni". Que yo ya tengo mi nombre, Toni Barnils. Pero que este alguien siempre ha dicho que tengo Duende, que aparezco cuando más me necesita, y sin llamarme y yo, sin avisar. Que soy masculino y soy esponja.
Esta entrada me la quedo toda, por que la siento, por que es la vida, por que si añadimos el saber entregar lo es todo.

Me inclino satisfecho de leerte y beso, con caricias, tu mano.