viernes, 6 de abril de 2012

Cómo desviar un sueño

No me apetece ir a Italia, amigo Uve. Esa es la realidad. No me apetece viajar de este modo. Sé que no lo entiendes, que no te entra en la cabeza que, siendo uno de mis sueños, la Toscana, Pisa, Siena y Florencia, esta Ana sea capaz de apartarlos como destino del dos mil doce y preferir Murcia y Monteagudo y mi aldea y mi apartamento diminuto a los pies del sagrado corazón. Le he dado tantas vueltas que apuesto a que el día que viste un objeto volador deambulando por Benidorm era mi cabeza, arrancada del cuello de tanto girar. Me iría, claro, cogería ahora mismo mi maleta del carrefour y cogería mi coche, o uno de alquiler, un avión, dos trenes o un autobús que me llevase allí, bajo las flores rosas de los árboles que me invento que debe haber en la Toscana, cierro los ojos y me veo en la mesa de madera de un porche soleado, veo hasta el vino en una copa, trozos de parmesano que ya empiezo a aborrecer de tanto comerlo en los días previos y mis pies subidos a la silla de enfrente. Me veo allí, sola. Solísima. Y no dudaría en coger dos camisetas y abrir la puerta de casa con el cepillo de dientes en el bolsillo de atrás de los vaqueros de siempre. Pero no me apetece ir a Italia. No me apetece ese viaje que me regalas con generosidad, con cariño, alquilando días que me pertenecen y me pides que comparta contigo. Le he dado tantas vueltas como vueltas han dado las peonzas de todos los niños de seis años del planeta tierra. Sé que pocos lo entienden, sé que no lo entiendes tú, el otro protagonista, el que abre su cartera y su cuenta abundante del banco de abajo, el que abre la hucha que durante dos años se llenó de papelitos verdes y naranjas para compartirlos conmigo. Nada tiene que ver Bruce, los conciertos, la gente que irá a las colas ni las fotos que dentro de tres años, cuando las mire en el album de fotos de los recuerdos me harán preguntarme a dónde fuimos primero y cuál fue la última ciudad que pisamos. Es otra cosa. Soy yo. Yo y mis momentos, mis elecciones, mis preferencias, mi instinto, mi comodidad, mi tiempo, mis ganas. Sé que quizá nunca pueda ver arrancar una flor de uno de los malditos árboles que pueblan la toscana. Sé que tengo la posibilidad de un sueño al borde de los ojos, que junio está aquí en el frente ofreciéndome convertir en realidad lo que se paseó por mi imaginación muchas noches de insomnio, muchas búsquedas de imágenes en el google maps, en el google earth y en la enciclopedia de papel de la última balda de la estantería de mis padres. Pero no. No quiero ir a Italia esta vez. Así. Sé que quebranto tus ganas, tus ilusiones, un trozo pequeño de tus sueños y que hasta provocaré que dos butacas de un avión destino milan estén vacías dentro de apenas dos meses. Pero sé que aquí dentro, en ese dentro que sólo yo entiendo, no hay maletas contigo, ni paseos alrededor del David de Miguel Angel ni foto sujetando el perfil de la torre de Pisa por el lado más bajo. No sabes lo que me cuesta contártelo. Te harás una idea de ello si cuentas en el calendario los días que han pasado desde tu anuncio de regalo generoso hasta este maldito párrafo. 

3 comentarios:

BarbaKana dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Maeve dijo...

En cambio, yo no iría.
Porque hay noes que valen más para lo de dentro que los mil sies más deseados.
Por más que decirlos en voz alta sea tan malo.
:)

BarbaKana dijo...

Vaya.
La Toscana se merecia a alguien como tu.
Pase por alli 3 veranos y aquello te pega de verdad, a la artista.
Confiando en tu interesante e iluminado coco, te dejo esto de Eddie...que nadie sabia que se podia hacer con una guitarra :
iluminar.

http://www.youtube.com/watch?v=9y7k1MtzvjA&feature=relmfu

minuto 5:07