viernes, 30 de marzo de 2012

El hogar no se veía en ninguna casa

Y los carteles y las señales, las hojitas marrones que son las que primero se caen de los árboles, los semáforos, el hastío, las suelas de mis botas rockeras y un desayuno solitario. Mi padre cogiendo naranjas, el santo de mi abuela Lola, las arrugas de mi madre comiendo galletas mojadas en la leche, la alfombra llena de pelusas. Dibujar, trabajar, comprar, peinarme. La chaqueta de hilo rojo que me resguarda del frío, el pañuelo en el cuello. Coger las llaves del coche y mover el cuerpo sentada en la única nave espacial reconocida. 
Todo en su sitio. 
Tú y yo en ninguno. La única razón por la que todo este atrezzo no es más que eso, decorar la vida en las afueras. Luego estoy yo. En otro luego estás tú. 
Es esa sensación absurda de vacío y desconsuelo. Es esa Ana inmensa que no se está viviendo. Aunque lo hagan todas las demás. 
Todo en su sitio menos ella. 

2 comentarios:

Toni Barnils dijo...

Pasa, en ocasiones, que dos conocidos no son más que dos perfectos anónimos que se consuelan viviendo al decoro. Ana? no debería decirlo, pero, siempre hay daños colaterales. Y nadie se atreverá a juzgar a los anónimos conocidos que los provocan.

mi abrazo

BarbaKana dijo...

"No es normal,no puede estar pasando,esto no tiene logica ni ninguna ley fisica lo sustenta,es improbable y del todo intolerable"pensaria cualquier cientifico que se precie-"para crear este vacio hace falta un podeer de succion fuera de serie,o un electromagnetismo de polos opuestos de muchos julius...como es ciencia todo se arregla al pulsar una tecla".
"Call".