jueves, 2 de febrero de 2012

Un halcón tallado en piedra

El águila de los documentales murió de aleteo desbordado. Otrora audaz y vigorosa se perdió entre arbustos y ramas secas. Bebía en los charcos de los arcenes. Escasa lluvia para tanta pluma. El quitamiedos de la autopista hizo el papel de camisa de fuerza y acabó quebrándose. Vértigo en la cresta a la que nunca llegan quienes demasiados pájaros tienen en la cabeza.
La ladera con flores y brisa y aires calmados también se secó. Ahora es una monstruosa montaña donde un día, dicen, volverá a tener un orgasmo el volcán. 
La voz que doblaba películas de amor y terror lamía pastillas contra la afonía. Malos tiempos para la química entre dos. Los oídos que no la oían la hicieron silencio. 
Los dientes brillaron y los colmillos apretaban con fuerza sólidos anhelos. Ahora tengo tres de ellos colgando del cuello como amuletos contra el mal de reojo. Para olvidar futuros que no llegaron los aprieto contra el pecho. Tres grietas del tamaño del amazonas hacen de océano. No brota la sangre en la estatua en la que me convertí a través de tus actos. 

4 comentarios:

BarbaKana dijo...

La ultima frase te levanta de la silla.Japuta.

Nebroa dijo...

Curioso cuando indica completamente lo contrario. Eso quiero, un empujón para mover el culo de donde se me ha quedado pegado por el hielo!!

BarbaKana dijo...

Lo de ponerse erecto (jejeje) era por el hallazgo de palabras,el calambrazo que me dió...no por la oscura conclusion...

Nebroa dijo...

Ya lo sé petardico! jajaj...
Te he imaginado erecto en la silla. Que noo! sin sexualidades ni nada, poniéndote de pie como si el ejército te persiguiera!