jueves, 2 de febrero de 2012

Mi moneda siempre cae por el mismo lado, qué curioso

Estoy escuchando esto

y me pregunto si existe un lugar al que ir cuando el 'ella no va a volver y la pena me empieza a crecer, adentro', te golpea las sienes. Si a Calamaro le salvarán sus rizos del desastre o si, como yo y el resto de los mortales, anhela rizos que ya no vuelven donde resguardarse de la soledad. 
Esta mañana llovía. Llovía tanto que ha terminado por llover, también, aquí dentro. 
Una se levanta con ganas. Teniendo en cuenta que mis ganas no son extremas, exageradas o excesivamente intensas, muchas veces, a la primera de cambio, se me caen y empiezan a dar vueltas a la vez que muevo el café en el desayuno. 
De dónde saldrá esta ausencia inflamable. Combustión inmediata en los pasadizos mentales. Querer que vengas, que te acuestes conmigo y que cerremos los ojos. 
Como si el mundo y la vida, y todo ese rollo de ahí afuera, fuese más susceptible de desaparecer o esconderse, con un cuerpo al lado que si te tumbas, bajo siete mantas, sola. 

Ya está. Es sólo un instante que dura unas cuantas horas. Sólo eso. Te acompañas de carencias en vez de menear tu ombligo alrededor del lleno. Y lloras. No es nada grave, doctor. 

2 comentarios:

La reina de la miel dijo...

Huy, lo conozco. Como una ola, que decía la otra. Viene, moja, se retira. Hay veces que lloro como quien estornuda: estoy fregando los platos, por ejemplo, y rompo a llorar. Luego se termina y ya. Cosas, ¿no?

Anneta dijo...

un querer y no querer, temer o desear? genial post :)