lunes, 20 de febrero de 2012

De tanto relativizar...

Puede ser un buen momento, por esto de las puertas de salida y no sé qué flecos sueltos, para dar rienda suelta a mis opiniones, esas que generalmente me cayo porque no tienen por qué importarle a nadie. Esto es, no necesito ir defendiendo por ahí lo que pienso y opino del mundo, de cosas del mundo, digo, escucho y tal, y ya no me emperro en ohhh atención que voy a hablar yo que tengo la verdad absoluta. No la tengo y lo sé. Pero cuando opinas, en ese preciso instante, ahí, justo al situarte en un lado de la dualidad (al final casi siempre son dos extremos respecto a todo), sí que es verdad verdadera. Soy de la opinión, mira qué oportuno, que las sentencias propias pueden cambiar, a veces deben cambiar, y siempre deben ser investigadas y observadas en su máxima extensión. Pero este rollo me ha llevado a un vaivén de opiniones personales respecto a todo que, si me descuido, soy más veleta que la falda de cualquiera. Así que sabiendo que puedo cambiar, que mañana o a los cinco minutos mi propia opinión puede ser sustituida por otra, diré lo que me salga del nabo que no tengo (de ahí el cambio continuo) cuando me salga de las narices. 
Doy por inaugurado mi propio espacio de opinión personal y absoluta caduca. 
Atiende qué bien me lo voy a pasar yo sola. 

4 comentarios:

La reina de la miel dijo...

Habrá pocas cosas que den tanto vértigo como cambiar de opinión. Lo de no necesitar ya defender la mía es una liberación: antes sentía un impulso irrefrenable a exponerla al Mundo, para que se iluminara y tal. Ahora siento algo como "psé, si tú opinas eso, pofale".

Maeve dijo...

Ya, bueno. Lo que se viene llamando no hablar nunca para no equivocarse, o para no rectificar. O para que nadie nos lleve la contraria. O para que nadie esté de acuerdo.

A mi me gusta mucho rajar. Y cambiar en público.

Anónimo dijo...

Ya sabes lo que se dice: eres Dueña de tus silencios y esclava de tus palabras.¡Juas!


LeO

Nebroa dijo...

La verdad es que yo desde que oí a mi padre decir: Como no soy río me puedo volver atrás cuando quiera, me pareció tan fascinante que la utilizo cada vez que me da la gana. A mí ya no me produce desastre interno cambiar de opinión, es más me divierto mucho. Y he aprendido a lo largo del tiempo a que nada perdura. Y esto no sólo me sirve para conocerme yo si no para no criticar a los demás. El juicio pasa a disolverse rápido cuando tienes esto en cuenta.

Por otro lado, Maeve, no, fíjate, no dejaba de contar cosas por algunas de las razones que citas, sencillamente no tenía necesidad de que el mundo supiera lo que yo opinaba al respecto. No me parecía, ni me parece (no sé si esta entrada/etiqueta tendrá vida alguna vez) que lo que yo opino sea 'necesario', que no significa que yo no tenga ideas sobre las cosas, es que no creo que la vida se llene o se enriquezca cada vez que abro la boca y suelto alguna de mis perlas. Sí, a veces sí, que no soy autista, que me expreso, que me viene bien, pero ... vaya, ya me entiendes.

Respecto a la frase de los dueños y los esclavos jajaj... Anda ya! O sea sí, vale, pero soy dueña y esclava de mis palabras cuando son pronunciadas, en ese instante! No para los restos, porque en los restos, gracias a dios, puedo cambiar de opinión y de palabras trescientos millones de veces.

Esta entrada mmm... nació quizá la de la rabia. Yo opino todo eso que os sueltos y sin embargo, aunque la mayoría de las veces me la resbala lo que opinan los demás (un 'bueno, pos fale, como decía la reina), a veces me tocan los cojones. El otro día fue así. Generalmente las personas tienden a no respetar lo que cuentas ni el lugar donde te sitúas. Enseguida tienen otra opinión al respecto que inmediatamente tienen que soltar. Y me aburrí de ser la diana de esas opiniones continuamente.
No sé si tendrá vida esta etiqueta/entrada por eso precisamente, porque si me irrita cómo actúan esos 'demás', paso de convertirme en uno de ellos. Entre otras cosas porque no tengo eso dentro, generalmente.