martes, 14 de febrero de 2012

¿Animal de catorce vidas? El cabrón del corazón

Opté por comprar yo misma las semillas que me darían las flores más bonitas del mundo mundial el día de los sucedáneos del amor. Y no crecieron, se las ventiló el frío, las heladas y un extraño viento que aquel día, inesperado, tiró todos los tiestos del balcón. Yo pasaba por debajo, precisamente, cuando todos los trastos me cayeron encima. Los del camarero del bar, los del dueño del otro bar y los del panadero. Restos de olores que, al pasar, olían a algo que ya no tenía aroma. Dentro, en mi propia terraza que expongo en el escote, se estaba muriendo un corazón. Era de peluche cuando lo metí en el congelador. Al sacarlo, años más tarde, nos sorprendimos en la puerta de urgencias. 
[Debería haber una puerta de importancias. Seguro que en la cola estaría Estefa, y Emilio e Isabel. Enamorados o no, entre nosotros o de las montañas verdes que en Asturias siempre quedan bien]
No tengo flores, nunca las tuve a mitad de febrero ni a finales de mes. Sin embargo, cada jodida vez que me miro al espejo, hay ramitas verdes saliendo de un pulmón, el derecho para más señas, que en el otro, eso creía yo, claudicaron las hazañas, las proezas y el resto de carreteras sin asfaltar. Le llamo Siberia, al corazón, la Siberia de otro planeta, en el que sin flores, ni olores, ni aromas ni bombones, los habitantes siguen empeñados en renacer. Le dan igual las rejas y el muro de la lamentación, no hay manera. Quiere volver a cambiarse el nombre aunque en el registro siempre nos digan que no existe Santa Ilusión. Un puto corazón teledirigido por algo que, la mayoría de las veces, creo que no soy yo: El buscador, nuevo programa de máxima audiencia para operados de desamor.  

1 comentario:

mi dijo...

Y ahora es cuando yo digo eso de: menos mal que quiere, que va por libre y sin control. Que sortea los obstáculos para después volver a caer y empezar desde cero, con los mismos ojos pero otra visión. Menos mal que....
Es mentira. Me tiene hasta los huevos, el cabrón, cuando lo pille, verás.