miércoles, 25 de enero de 2012

No es un concurso, pero sabemos quién pierde

Es en ratitos como este, tan corrientes y normales, tan habituales como levantarte a beber agua cuando tienes sed, cuando piensas que así debería ser casi todo lo demás. Un impulso. Observarte un mili segundo es suficiente, la mayoría de las veces, para saber qué quieres. Dónde te gustaría estar y lo que te pondría los dientes al aire en modo cargador de nokia plano. Uno lo sabe. Luego viene todo lo demás. Las voces y las urgencias. Se mete la mente, la tuya y la de los demás, y te cuenta y te dice: Noo! primero haz esto, luego vas a por pan, y te pasas por el banco también, a la vuelta frena en todos los semáforos y sáltate otros tantos. Corre. Tienes que pagar el iva, y recoger el abrigo de la tintorería. Sí, sí. No te vas a volver a poner el abrigo, el banco sigue abierto siete horas después y si hoy no comes pan recién hecho y tienes que tirar del tostado, el paté sabrá mejor. Pero no. La inercia te ha vencido. 
Es miércoles por la mañana y si cierro los ojos quiero hacer el amor. Al sol, por ejemplo. Estar tumbada un rato con una respiración ajena en las orejas. Quiero un beso. Y oler. Coger el coche, conducir. Meter dos camisetas en la bolsa y llamarte de camino al cielo. Ya sé que el cielo no es la orilla del mar que visitaríamos, no soy tan idiota. Ya sé que follar a estas horas, ya sabes, está fuera de las reglas. Pero uno sabe, si quiere escuchar, que dentro tenemos reglas propias. De esas que nos saltamos una y otra vez. Y después. Y más tarde. Y luego de nuevo. Y así. 
Así no voy a hacer el amor, ni voy a conducir después, de hecho no tengo camisetas limpias que poner en la maleta. Oh, hasta la maleta está en casa de mi hermano, que se la dejé no sé cuándo. Las ruedas del coche están en mal estado y estoy sin depilar (esto es mentira, es sólo un ejemplo, eh? :s) Son las once y media, si me voy no llego a comer, mi madre me espera. Y el panadero. Y el banco cerrará y tengo que hacer esa transferencia. Y.
Y los planes se quedan en silencio. Lo que querías ha desaparecido. Tocado. Pero miserablemente hundido en la más absurda rutina con la que llenamos la vida. 
Alguien ha vencido, ni puta idea de quién, lo que sí queda claro es el nombre del perdedor. 

7 comentarios:

Nebroa dijo...

Dicha esta porquería, me declaro vencedora. Me voy a tomarme un café al sol, con un huevo de cosas por hacer en el bolsillo. Os venís?

Maeve dijo...

State of Love and Trust.

Sí, vencedora pues, ¿no? :)

Nebroa dijo...

Sí. Tú siempre lo eres, aunque no tomes café

Maeve dijo...

Nos vamos dando codazos en el mismo juego :)

Nebroa dijo...

Eso es lo bueno. Sabes que si no existieran los kilómetros estarías ahora mismo en mi sofá?

Maeve dijo...

Sí. Lo dice el gato.

Johana dijo...

ahhh! tremendo post, me encanto.
Saludos