jueves, 12 de enero de 2012

No entra aire por las ventanas de la prisión

Escucho Low Light de Pearl Jam, ni puta idea de lo que dicen, salvo lo que oigo en mi jodida cabeza. Carretera y manta, que dicen los del pueblo que acabamos de pasar. Pues lo mismo, una carretera como la que veíamos ayer y dos mantas en la parte de atrás para resguardarnos del frío cuando nos de por parar a cenar. El sol se está escondiendo, las nubes no parecen nubes y hace más frío que la ciudad que dejamos hace horas. Conduces tú. Me gusta que conduzcas tú porque puedo tocarte todo el rato. La nuca y el pelo, y los muslos. Y tumbarme sobre tus piernas haciendo malabares entre la palanca de cambios, el volante y tu brazo. No es nada cómodo, pero me da igual. Luego me duele el cuello y la espalda y me cuesta horrores enderezarme. Las hernias de disco también se han venido con nosotros dirección Asturias a encender chimeneas con leña robada y saunas hechas de nuestro propio aliento y vaho. Viajamos. Volamos. Hablamos de aventuras y cuentos por fin alcanzados. 

Eddie Vedder deja de cantar. Los segundos entre canción y canción me llevan a esta otra realidad. Un monitor de fondo blanco que se va llenando de letras a la vez que pienso. Hace frío en casa y el sol se está escondiendo. La manta que me abriga las rodillas sigue dejándome las piernas congeladas. Los pasos también. 

Me pregunto de qué están hechos los límites. Me respondo que las creencias no son sólidas, y sin embargo, mírate, no la ves pero hay una cárcel a tu alrededor. Una cárcel que me rodea a mí también.


2 comentarios:

confusa dijo...

Me encanta tu manera de describir,la percepción que tienes de ese momento...al leer tus palabras,me asaltan los recuerdos..distinto coche,distintas personas...pero muchas cosas de las que cuentas en común...

Un placer leerte,desde luego que si.

Nebroa dijo...

Cuántas historias no serán practicamente iguales desde fuera? Y todo lo que cambiarían si se hiciesen reales? :)