lunes, 16 de enero de 2012

La memoria se come los pasos

Así que este era el lugar al que llegan los derrotados. No lo imaginaba así, lleno de gente con la mirada perdida en algún norte carente de flechas de dirección o sentido. No es lo mismo. Yo tampoco sé a dónde me dirijo, pero me gustaría que todo esto tuviera algún sentido. Tampoco. Algunos intentan asomarse a las tres ventanas diminutas que hay en la pared de la derecha, pero para hacerlo tienen que ir hacia atrás, tomar impulso y saltar, porque están demasiado altas para la altura a la que vagan sus cabezas. Las otras paredes son oscuras y están pintadas con un collage de espadas, esposas y látigos. Hay armas por todos sitios. Cinco levantan las manos en modo atraco sin que nadie les esté señalando. Lloran. Casi todos lloran. No sabría explicar por qué escucho este silencio repentino, como si la humanidad entera se hubiese quedado muda, si todos están gritando. Hace frío y nadie nos ha dado mantas. Tienes que andar con mucho cuidado porque todo el suelo es un laberinto de agujeros que parecen no tener fondo. Al llegar me fui asomando a varios y no lo he vuelto a hacer, subía tal cantidad de helor que se me llenó la cara de escarcha. Ni siquiera logro darme calor con mis propias manos. Hace frío. Hace tanto frío que intuyo que pronto todos moriremos congelados. 
A no ser que... 
No, vamos a morir congelados. No hemos conseguido quemar lo único con lo que vinimos aquí; nuestro pasado no es combustible. 

2 comentarios:

La reina de la miel dijo...

Recuerda, chata: a la mierda todo.

Nebroa dijo...

Reina... uff... mmm... bueno, eso, no sé