martes, 6 de diciembre de 2011

Seis

Nos hemos visto de casualidad esta mañana, de esas casualidades que no existen, él trabajaba en festivo y yo he borrado dos mensajes antes de decidirme a ir sola a por café. Nos hemos hablado del ahora. El amor eterno le duró quince años. Le digo que yo sólo puedo hablar como los curas, que no tienen experiencia pero saben de todo, pues algo así, pero sin saber. 

Cuando se muere por dentro, ella sigue siendo flores frescas, y sigue oliendo a mañana veraniega. Sólo que a veces se desparrama y hay que abrazarla largo y fuerte para volver a hacerla manojillo. Y la abrazo, aunque estemos a doscientos y pico kilómetros. A veces los kilómetros son raíces.

No me gusta ver la tele, pero le digo, y lo sabe, que con él la vería mil horas seguidas.

Este año no pondré adornos por navidad, cada vez me parezco más aun árbol de los de estas fechas. Tengo muchas cosas brillantes alrededor. Soy, para la navidad, un montón de ramas verdes donde los regalos se acumulan. Los amigos y la familia son las bolas redondas, grandes, eternas. Los picos de la estrella podrían ser todos esos problemas que no cesan. 

Sigo creando esponjas que me absorban. Quepo en muchos lugares y aun así sigo vertiéndome en otros tantos millones de continentes. Infinitos somos, no lo olvides. 

¿Sabes ya de quién son los brazos en los que quieres cobijarte del frío?

1 comentario:

jok dijo...

aun no,,,,pero hace poco se que sabre reconocer a esa persona al momento.