jueves, 8 de diciembre de 2011

Nuestra realidad es el sueño de otros

Teníamos planes, una vuelta al mundo en velero y otra con mochila a cuestas. Teníamos sueños altos, tremendos y extraños, vivir quince días en cada ciudad y parar allí donde los bares nos llamasen a gritos. Teníamos proyectos altivos, tan altos como la luna cuando se estira, montar a caballo cada cuatro días, adueñarnos del mar de esa esquina y conquistar el cielo plantando banderas en cada aeropuerto. Crecer, crecernos. Dos hijos por barba y un montón de dinero para que las únicas cuentas que hiciésemos fuesen las de contarnos los poros del cuerpo, las pestañas de nuestras miradas y las horas que faltaban para vernos cuando uno de los dos se quedara durmiendo. Teníamos planes.

Luego la vida se encargó de quebrarnos esos absurdos sueños 
y ofrecernos un montón de rutina convertida en magia.

Él trabaja en un supermercado y yo llevo a Brown al veterinario. Vemos la tele a diario, compramos manzanas verdes para que nos aguanten toda la semana y mis padres nos llenan la nevera cada quincena. Tenemos cerveza y en algunas fiestas abrimos una botella de vino. Los amigos nos regalan la ropa que no les viene cuando vienen. Nuestra casa es una colmena de treinta metros cuadrados rodeada de montañas de casas con ventanas a dos metros de la nuestra. No tenemos balcón para asomarnos al universo, ni siquiera el aspirador se lleva el humo que suelta la comida del mediodía. De menú siempre hay patatas y latas a punto de caducar. 
Seguimos creciendo aunque nadie lo sepa. Ninguno de los dos echa de menos aquella vida soñada aunque yo se la lea como un cuento justo antes de dormir y él se encargue de regalármela en forma de poema en las siestas de guardar. Seguimos teniendo el amor y nunca olvidamos que cualquier momento es un maravilloso recuerdo que construimos al andar. 

11 comentarios:

Don Dato dijo...

Por desgracia no estáis solos ni sois los únicos que tenéis que conformaros con este tipo de situación. Sólo nos queda tener paciencia y aún dar gracias de poder salir adelante aunque apenas quede para mejorar la calidad de vida.

Nebroa dijo...

Señor Dato, no soy protagonista de esa historia en plural. Lo soy en singular, pero no tengo con quién compartir latas caducadas. Y es peor. El otro día me lo decía mi padre muy 'amablemente': Ana, yo al menos, cuando las he pasado putas, tenía a tu madre para apoyarme. Tú a quién tienes? Y se quedó tan ancho :s

La reina de la miel dijo...

Ese tipo de comentarios son como cuchillos. Ser buen padre es más, mucho más que quitarle los nervios al filete y pagar un colegio concertado.

Nebroa dijo...

tú esto lo querías decir en la otra entrada, nor?
Mi padre, a pesar de los pesares, de la crueldad, la mala leche, la educación y su poco acierto al hacer cierto tipo de comentarios... me quiere mucho :s
jajaa

La reina de la miel dijo...

No, lo dije aquí por tu comentario primero aquí. No dudo que te quiera muchísimo. La mía también me quiere. Pero yo preferiría otro trato y menos amor del suyo.

Nebroa dijo...

Ah cierto cierto! perdón! Si es que mi padre sale en todos sitios :s
El amor del que hablamos, ya sabes, ese que también hemos traducido a real, como en la otra entrada. Pero en el fondo fondo, sabiendo que nunca podremos creérnoslo como real. Como sabiendo que aquí no hay creencias erróneas, ni verdades que no fuimos capaces de ver. Es creértelo de esa forma sutil que lo vuelve todo más fácil y no tan eternamente doloroso.
No sé si sabes...

Nebroa dijo...

Quiero decir que me han regalado, por email, este mismo texto. Y me ha hecho mucha muchísima ilusión, ya ves la gilipollez...
Ahora debería imprimírmelo, que es lo que me gusta hacer con los regalos escritos. Y sí, lo haré :)

ana dijo...

Los padres nos dirán la verdad sin rodeos. Nadie es tan directo como un padre. Eso lejos de ser un desafecto, es lo mejor que puedas desear. Ante la verdad, la verdadera, es cuando se puede empezar a caminar. A caminar libre de engaños, y sabiendo bien quiénes somos, desde dónde partimos e imaginando a qué lugar queremos llegar (luego ya llegaremos al necesario).

Lo siento, me cae bien tu padre.

Nebroa dijo...

Sí ana, a mí también me cae bien, y a todos mis amigos. Lo que voy a decirte aquí también está basado, un poco, en la entrada de los mapas y las creencias. Para mi padre, esa verdad que relataba era real. Para mí no tiene por qué serla. Por eso mismo, porque la percepción es lo que cuenta, como decía Zara en el otro comentario. Es cierto que tal y como lo cuentas, la verdad es lo primero, yo la exijo, de hecho, pero no siempre las verdades de otros, aunque sean las de los padres, tienen que ser las nuestras.
Cuando mi padre me dijo, volviendo de recoger las notas de unas oposiciones y habiendo quedado en segundo lugar, que el segundo es el primero de los perdedores, bien, era verdad. Había quedado segunda, pero no era la única verdad. En esa misma situación estaba la parte de haber quedado por delante de no sé cuántos, o haber visto recompensado un esfuerzo, o haber pasado a la siguiente fase. Lo que me dijo era verdad, pero había otras muchas. No sé si me explico.
Y me alegro de que te caiga bien, mi padre es un gran hombre. Mucho.
Cuando se haga feis que dice que se lo hará os digo! jajaj

La reina de la miel dijo...

Uno es la verdad y otro la sinceridad rayana en la crueldad. Estoy ya muy harta de la patente de corso para hacer daño camuflada en la confianza absoluta.

Nebroa dijo...

Sigo pensando que es cuestión de percepción. No dudo que mi padre, en este caso, lo último que quisiera es hacerme sentir mal. Es sencillamente que así es como él lo ve.
Se nota la diferencia. Yo al menos la noto. Sí que hay otras veces de las que dices. Esa en cuestión no.
Pero vamos, que cuando me ocurre, que me dan con el látigo camuflado de verdad suelo decirlo: Qué? a la yugular que escuece más, no?
Malditos cabroneeeeeeees jajaj