sábado, 3 de diciembre de 2011

Es insufrible ver que lloras y yo no tengo nada que hacer



Por todo eso que no podemos agitar en el de enfrente. Saber que cogerlo de los hombros, zarandearle el estómago y reventarlo a gritos no sirve, ni alivia, ni produce descanso. Por todos esos ratos en los que las palabras no valen nada, ni las miradas ni los hombros como colchones para el llanto. Por aceptar y asumir que las penas son de uno y nada más. Que los demás tienen globos, cohetes para la fiesta y serpentina para el alma, pero que cuando se te agarra la pena por dentro sólo uno puede deshacerla. Por aprender a respetar el dolor ajeno, por quitarnos la capa de heroína que todo lo salva y aprender a acompañar. Sólo a acompañar. Las penas, compartidas, son las mismas penas. Aunque a veces parezcan más pequeñas, siguen siendo las mismas. A veces quisiera ser una diosa y tener el poder de deshinchar tus ojeras. 

Toda la letra, entera, es mía

4 comentarios:

Capehorn dijo...

Estáis llenas de colores. Que os pintáis, a veces a medias, otras juntas, y la combinación...son tonos jamás vistos. Privilegios.

Os quiero.

Nebroa dijo...

Imagino que este comentario iba en la otra entrada, la de arriba, donde se ve el agujero inmenso que tienen las ausencias. La tuya es del mismo tamaño

CM dijo...

Esto me llega... lo sabes?

Anónimo dijo...

Teorema:
La joven diosa baja a la tierra, los deseos se cumplen,
los dioses lo celebran.

LeO

PD.tienes el poder, úsalo bien.