miércoles, 28 de diciembre de 2011

De la inestabilidad de las riendas

Tengo las ganas apresadas en un baúl de capacidad ocho toneladas. Se amontonan los orgasmos, las miradas, siete millones de besos y tres mil doscientas caricias. En la radio no dicen nada de lo nuestro, ni los libros. Ni siquiera apareces en mi álbum de fotos. Tengo vagas escenas en la mente. Apareces y desapareces como las palomas de debajo de los sombreros de otros. Yo ya no sé hacer magia como antes. Te convertía en visible contradiciendo trucos y otros malabares. De vez en cuando la vida se me aparece en tus zapatos. De vez en cuando. Sólo es de vez en cuando. Y a este corazón le está saliendo un agujero del tamaño del planeta tierra que grita como un monstruo de las cavernas. A veces eso son mis días, la oscuridad que debe haber dentro de una caverna. Nunca he estado en una, que yo recuerde, pero apuesto a que huele como huelo yo ahora mismo. Están rotos los espejos donde solíamos mirarnos haciendo el amor. Queda un trocito más grande que el resto donde sigo soñando, como adolescente ingenua que cree en los cuentos colorados, que un día tu risa y mis gestos pondrán ahí su escenario. Teatro. Puro teatro. El presente es un pedestal vacío. A veces el mañana se me empieza a venir abajo. Querer y no tener. Querer y esperar. Querer. 
He empezado a odiar las palabras 'verás como un día...'

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