lunes, 28 de noviembre de 2011

Sin filtrar

Es el cansancio, y lo que agotan las piedras, encontrarte una detrás de otra en los corazones que van rodeándote las miradas. Es eso, que falte sangre en las ganas, en los impulsos, llevarlo todo tan controlado que se les olvide hasta que entre las piernas tienen una polla para usar a espuertas. Ellos, digo, toda esa gentuza sin alma y con mucho peso en los hombros. Qué dirán, qué pensarán. Es eso y el muro de hormigón que construyeron hace tiempo. O eso o es ausencia de lo que a mí me sobra. Yo qué sé. Ni está bien juzgar, que ya lo sé, tan mal entendí la frase que de tanto excusar a los demás terminé golpeándome yo. Y donde entiendo que debe haber un te quiero, un abrazo y un polvo nada más entrar, hay cazadora puesta, gafas de sol y un me largo que me tengo que ir porque se me hace tarde para trabajar. 
Y mientras te preguntas, te cuestionas, te reflexionas tanto para que las cosas no te duelan que lo haces mal y no estás donde quieres estar, y aguantas y esperas, y entiendes y comprendes como la madre teresa de calcuta pero sin la bondad. Un revuelto de penas con pimentón. Porque pica. Y jode. Y duele tanto el estómago que te cagas, pero de miedo. Que te sientes triste? pues date un abrazo a ti misma. Que necesitas un hombro? Pues en las farmacias los venden de plástico. Que estás cansada? de oferta los viscoelásticos. Y así. Que no. 
Que no puedes pedirle al acero que se derrita con tus besos. 

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