sábado, 5 de noviembre de 2011

Que la rutina sea contada como se cuentan las leyendas

Es tu inmersión en lo cotidiano a lo que aspira mi ficcionario cuando busco en él palabras que nos relaten.
Como cuando tú eras la silla en mi escritorio y me dejé caer sobre tus rodillas para enviar un email de trabajo. Como cuando me reía desde la cocina porque mi hermano deja en el congelador cubiteras vacías cuando se bebe, a escondidas, la única botella de ginebra que demuestra la existencia del alcohol en mi casa, esa que además compramos juntos, el día que ella bajó de Madrid a arañarme las risas que alguna parte de ti me estaba arrancando. 
Es eso, tu entrada triunfal en mi rutina lo que persiguen mis sueños utópicos, los del país de nunca jamás a lo mejor. Saber cómo duermes cuando duermes solo, por ejemplo, mientras leo medio libro y me muevo sigilosa para despertarte sin querer y arrugarte el pelo, y la boca, y estrujarte el cuerpo dentro de un pijama que durará puesto lo que tardo en decirte otro te quiero. 
Es sólo eso. Que tu rutina se parezca a la mía.
Que nos dejemos de historias a las que de tanto ponerle finales felices están empezando a olvidar que primero deberían empezar.
Sabes? Creo que los fuegos artificiales también caben en el desayuno de cualquier lunes habitual.

2 comentarios:

Aura dijo...

...ya lo creo que sí.

(Marvilloso, por cierto)

Nebroa dijo...

Aura, gracias, por confirmarlo!!
Lo he leído ocho veces, a mi corazoncillo también le gusta, sip ;)