sábado, 5 de noviembre de 2011

Es tuya, mía también

La tuya no es Thunder Road, la tuya es la otra donde bigman le pone a la vida unos pulmones que ahora se han vuelto grises. La nuestra fue esa, la que sonaba entre cortinas de alquiler que ni siquiera pagábamos nosotros. ¿Recuerdas? Sí, lo recuerdas, aunque a veces recordemos cosas sin saber muy bien si existieron o no. Como todas esas historias que nos hemos inventado cuando suena la mejor, el thunder road. Yo he vivido diecisiete millones de paseos que me llevaban del porche al coche de alguien que, incluso alguna vez, fuiste tú. Ahora mismo, sin irme demasiado lejos, me fabrico escenas que entonen con la música, que no se queden en ridículo al mezclarse con la canción, que estén a la altura de una vida que hace demasiados meses que mide menos de metro y medio. La nuestra era Jungleland sonando de fondo mientras nos dejábamos la piel en aquel sillón a media tarde. Ahora que ya no somos los que fuimos porque aun somos más grandes, te regalo la tuya, la de siempre. También es la mía. Pero nunca fue nuestra.



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