domingo, 13 de noviembre de 2011

Del maravilloso monstruo desconocido

No creo que tengamos miedo a la felicidad, lo que tenemos es miedo a perderla

Por los que se quedan inmóviles ante lo bueno, por los pasos invisibles que nos aquietan por el miedo al qué pasará si se me va, por la comodidad de lo conocido, por la estabilidad de la línea central que nos da seguridad, por el poso de tranquilidad que nos dan los días sin riesgo. 
Brindo por, al menos, poner a temblar todo eso, por, como mínimo, preguntarnos si eso nos llena y nos satisface. Brindo por quebrantar conceptos, por el riesgo y la valentía. Por el miedo pegado a los talones que no dejan de pisar arenas movedizas. Por avanzar y crecer. Por cagarnos de miedo, inevitablemente, pero sin olvidarnos de vivir como humanos al borde de un precipicio que al final sólo tenía tres centímetros de fondo. 

2 comentarios:

Carol Munt dijo...

Yo también brindo por ello... Por dejarnos caer al abismo de lo imprevisible.
:)

Nebroa dijo...

Si es que luego, Carol, los abismos no son más que charquitos :)