jueves, 3 de noviembre de 2011

De discusiones y acuerdos

Vengo de discutir con uno de mis hermanos y con mi padre.
Nosotros no hablamos, discutimos. A decir verdad empezamos hablando, con normalidad, incluso nos damos la razón indistintamente, ahora te la doy, ahora me la das, aunque estemos diciendo cosas que en un principio eran contrarias.
Como nos queremos mucho es así como empezamos las conversaciones. Hablamos. Muy contrariamente las acabamos al revés, discutiendo.
Supongo que el amor al prójimo que procesamos en los momentos iniciales se va quedando por los rincones de las frases, se va diluyendo entre las patadas que ves venir a bocajarro por la esquina del sofá, entre frase y frase, y claro, al final lo que sale es un aplastante amor propio (vulgarmente conocido como orgullo) sobre el cual apoyas tu cada vez más alto sonido de la voz.
Son cabezas cuadradas, me repite la mía. Y le digo que por mucho que me joda, a ver si es que no pecamos de lo mismo. Defender mi idea con los dientes también podría ser propio de una cabeza cuadrada.
Subo a casa medio cabreada y medio triste, imagino que por muy abierta que fuese la idea que defendía, en este caso la de que 'no se puede juzgar a todo un gremio, una ciudad, una región, unos manifestantes, unos seguidores de equipo de fútbol, unos votantes de un partido... porque conoces a cuatro que son bla bla bla'. Ellos dicen que sí se puede juzgar, aunque no lo digan literalmente, lo hacen, un juicio despectivo, claro, que es lo que me indigna. Y encima algunos de esos juicios son y están totalmente inducidos por lo que se oye, por lo que dicen, por lo que se rumorea.
Yo defiendo lo contrario. Cómo osas llamar idiotas a todos los unidos por una cualidad, si ni siquiera conoces personalmente a tres.
Al final lo que importa no es quién tenga razón. Que ya se sabe que la razón es tan esquiva como fija. Al final lo que jode es que me convierto en una de ellos. O a eso le doy vueltas.
¿Me he convertido en una cabeza cuadrada por defender una idea concreta sin un mínimo de apertura para que, desde fuera, puedan cambiarla? Porque eso mismo es lo que estaban haciendo ellos.
¿Me he convertido en una de ellos al afirmar, mientras subo los peldaños, que no se puede conversar con cabezas cuadradas? ¿Qué me diferencia de los que juzgan a los de un gremio, una ciudad, un equipo de fútbol?... Dicto sentencia. Una, la mía, como ellos tienen la suya. Dónde está, pues, la diferencia? ...
Lo curioso es que si en este nivel somos parecidos, por qué coño hemos terminado discutiendo?. No sé si soy capaz de explicarme, pero es infinitamente curioso eso de que se atraen los mismos estados de conciencia. Si yo hubiese estado lejos del suyo, la conversación hubiera seguido siendo conversación y no discusión. Sin duda.
Al final, me han abducido, completamente.

6 comentarios:

La reina de la miel dijo...

Qué observación tan interesante extraída de una discusión familiar, siempre tan vulgares y desagradables.
Una vez oí a alguien convencido decir que las discusiones en familia/pareja eran lo normal...¿a ti te lo parece?

El silencio y otras palabras dijo...

Lo curioso del asunto es justamente eso: nos convertimos en aquello que criticamos. Los humanos nos parecemos más de lo que muchas veces queremos creer. Siempre que defendemos una idea firmemente estamos impidiéndonos entender la idea opuesta. Lo jodido es que es ley de vida ¡aunque muchos le llamen "principios"! Besos.

Nebroa dijo...

No, las discusiones no me parecen normales. Me parece norma que cada uno piense como le de la gana, de forma diferente y contraria a dios sabe qué. Pero no creo que sea normal, entre otras cosas porque he mantenido conversaciones de opiniones completamente diferentes y antagónicas y han sido eso, conversaciones.
El otro día observaba a otro de mis hermanos en una discusión, resulta que uno de los comportamientos más utilizados por el ser humano es que, cuando no encuentra más argumentos para defender su teoría, la que sea, lo que hace es optar por la ira. La ira, a veces, suele acojonar al de enfrente, que por no seguir liándola y acabar casi a hostias, decide callar. Así pues, el que mantenía la ira 'ha vencido'. Pero yo lo veo (jajaja parezco una televidente de un documental) como eso, un arma más con el que salirte con la tuya cuando era indefendible lo que mantenías.
Qué te paice?

Nebroa dijo...

no siempre silencios! porque he estado en conversaciones en las que los argumentos de los demás, la exposición de su idea y el bien hacer, me han hecho no sólo entender lo que decían, si no cuestionarme lo que yo misma creía. Mmm... bueno, no es que me hayan hecho cambiar de opinión en ese instante, quizá, pero sí ha sido la semilla para reflexiones posteriores que quizá, acabaron acercándose mucho a la idea que ellos defendían, diferente a la mía inicial!

La reina de la miel dijo...

Me paice que viene a mi memoria un extracto REAL de una conversación con un ser humano REAL...
Yo: Es que, poniéndote como te pones discutiendo, a los demás se nos quitan las ganas de replicarte
Persona humana real: (airado) ¡Pues si no me replican mejor!

Ains.

Nebroa dijo...

Clarooo! Es el viejo trucoooo!
Mi padre lo utiliza mucho. Se empieza subiendo el tono de voz y se acaba haciendo aspavientos con las manos. Ahí generalmente la cuestión termina, porque el interlocutor pasa de malos aires y opta por el silencio, mucho más enriquecedor que la escena propuesta.
Mi padre dice que cuando tengo razón me la da, pero cuando no, no piensa hacerlo! jajaj Yo me parto con eso de "Oh dios de la verdad, dónde está la razón mas en aquello en lo que tú y sólo tú la veas?"
Menos mal que muchos de estos cruces de palabras acaban en risas... menos mal