sábado, 12 de noviembre de 2011

Cómo me pone la palabra mediocre

El propio juicio se encarga de mover tus hilos. 
Luego está el juicio propio, que sólo con mover una palabra de sitio consigue hacer lo mismo contigo. Moverte. O dejarte inmóvil, que no deja de ser otro movimiento aunque no tenga dirección. 
Somos marionetas entre las cuchillas que te va lanzando a media noche. Uno mismo se habla tanto y tan fuerte que ya no hay más voces. Él se las ingenia para gritar, sostener y establecer ideas como certezas. 
A veces las establece del lado del avance, como la opinión de una madre al ver un dibujo de su hijo de cuatro años, a veces del otro lado, el del padre que vigila con ojos de Jack Nicholson en El Resplandor lo mal que lo haces casi todo. 
Y antes eso nos movemos, nos paramos, nos quedamos quietos como estatuas o corremos como gacelas escuálidas. 
Yo tengo muchos, entre los que destacan algunos que optan al premio a la subjetividad pero que se autodenominan objetivos. Así la voz nocturna pone la palabra mediocridad en unas letras tan terriblemente luminosas que van poniéndole tanta luz a la madrugada que ni siquiera me dejan dormir. 
Mediocridad en lo que escribes Anita. Por ejemplo.
Seguidamente la Anita pequeña y frágil se queda quieta. No es que no recopile sus textos para hacer un atisbo de cosa llamada libro, es que ni siquiera escribe. Meeeccc, error. 

Observo otros juicios propios de otros individuos. Son la madre que premia esfuerzos. Se gustan, se quieren, se aman y se alaban. Tanto tantísimo que no sólo no dejan de escribir, es que publican, editan, cuentan y encuadernan. 

A Anita no le gusta la prepotencia, la arrogancia, la excesiva vanidad con la que se premian a sí mismos verdaderos bodrios con portada y contraportada. La ausencia de humildad la pone nerviosa y la irrita. 

Pero el juicio vence siempre. A través de él te mueves, a través de él te olvidas. Y no sé cuál es certero. Beneficioso, positivo. Pecar de excesiva exigencia no es lo mismo que abundante humildad, que quedaría de perlas como definición personal. Quizá no sea humilde y sí asquerosamente exigente.
Lo que suena bonito al final es la idea que más limita. 

6 comentarios:

La reina de la miel dijo...

El asunto, creo, versa sobre la autoestima. O, como me dijeron hace poco, la actitud requerida no es "espero pasar el examen", sino, "a ver si tú pasas el examen". ¿Por qué coño será tan fácil querer al primer ser que pasa y tan difícil querernos a nos? (aunque parezca que hablo de otra cosa, y eso es porque divago con facilidad, te aseguro que intento ceñirme al post)

jok dijo...

asi es,,,

Nebroa dijo...

Reina, estás ceñida al post, vamos, pegaíta! Esa es la cuestión, de dónde viene la pregunta que reta y no la que afirma, o aprueba, o simplemente observa. No, la pregunta errónea cuestiona, siempre cuestiona. Y compara también.
Al final hablo de lo limitante del juicio, y puede traducirse en una autoestima con límites, claro. Es el trasfondo de todo lo demás :)

jok, así me gusta, que me des la razón :p

AN... dijo...

La virgen .... Que profundidad de sentimientos , como te fluyen las ideas en esa cabecita , das miedo ....te soy sincero porque La Reina de la Miel ha explicado tu entrada , porque me habia perdido , te juro que creo que cada vez soy mas gilipollas ... O que la única neurona que me queda esta en huelga .
También puede ser ... porque acabo de llegar a casa y tengo el chumba chumba en los sesos ...mejor me voy a dormirla ... Buenas noches ... O buenos días .un besote

Nebroa dijo...

jajaja An! que sí, que sé yo que me entenderías con una cerveza delante

BarbaKana dijo...

A ver.
Como escribes a mi me vale y me sobra (o me asombra,mejor).
El arte está SOLO en el ojo del espectador.Si se es tuerto:malo.
Nadie es humilde,ni cuando hace su primer garabato:si te emociona te haces grande,crees en ello...pero las formas siempre importan y en lo artistico más.Creo mas en la autocritica y en la autodisciplina que en los criticos y los manuales.
Cada vez que un "experto" habla de algo su madre querria darle con una sarten en la cabeza ,pa que callara.Ley de vida ,que nadie es profeta en su tierra (y menos en su familia).Todo esto son verdades como puños y se las sabe cualquiera de mucho estudios o que ya cumplió los cuarenta.Un saludo.