sábado, 1 de octubre de 2011

No fue lo que se dice un error, pero lo pareció

Es curiosa esta ventana. No da a ninguna parte. 
Ya sé que no hay ventana y que hay muchas partes que empezarán mañana por la mañana. Lo sé como sé que no voy a morirme dentro de un cuarto de hora. O sea, nada. Que no sé nada de nada. 
Pero así se sienten las almas que se visten de amazonas y se imaginan caballos que las lleven al otro lado del desierto. Me ha pasado. Que me solté el pelo cuando aun suspiraba el invierno para cabalgarte en las sienes infinitos besos y míranos ahora, rezando para que, de nuevo, el frío, venga estrenando un nuevo olvido. Porque tendré que olvidarte. Si no vas a venirte a barrer toda la arena del desierto, tendré que olvidarte. Quédate con tú con el lodo, con el barro, con la lava y con el fango. Enteros para ti, yo sigo mi camino hacia el desierto, que como sabes, siempre está lleno de arena, y que yo no quiero barrerlo, eso sólo lo digo por decir algo, como cuando tú decías te quiero que sólo en las letras se parecía uno de los míos, pero iré allí, a llenarme los bolsillos para no salir volando en el próximo sueño, ya sabes. Bueno no, tú de sueños sabes más bien poco. 

No soy yo, habla la rabia con su sutil elegancia

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