domingo, 9 de octubre de 2011

Iba a empezar diciendo "Uno aprende... " pero qué coño! Uno no aprende nada en realidad, vamos rellenando de teoría los días, oh, sí, esto me suena, oh sí, esto ya me pasó. Pero a la hora de la realidad, de la nueva realidad que se nos presenta, sea cual sea el caso entre los casos, ¿para qué sirve esa experiencia? Bueno, puede servir para que en las conversaciones a la hora del café, los contribuyentes digan, claro, eso siempre pasa, a mí me pasó, al final hay que aprender a ... lo que sea adecuado al caso. Pero salva del dolor la experiencia? Hacen caso las emociones desbocadas a todo ese rollo? Bueno, vale, sí, a veces seguramente sí. Olvidad éste párrafo pues.

6 comentarios:

Zara dijo...

Salva, salva...
lo que no quiere decir que eso sea bueno. Yo intento que casi todas las veces sean primeras veces. O como mucho segundas porque la experiencia mata al instinto.
Y precisamente hoy le estaba diciendo a un amigo que tengo puesto el salvavidas de la experiencia ahora mismo, rellenito de aire, ayudando, y que esta vez no sé cómo cojones pincharlo!!!!

k dijo...

No salva del dolor. Lo que te crees que aprendes lo único que hace, tal como yo lo veo, es impedirte vivir la siguiente vez que la cosa tiene la misma pinta, te aumenta el miedo y te corta el rollo. Será muy bueno, pero yo cada vez le veo menos el punto.

Nebroa dijo...

Es un poco lo que dice ká, si nos va a salvar del dolor, bienvenida sea, pero digo del dolor que YA exista, el que sea que estemos sintiendo. Si para lo que va a servir la experiencia es para no meternos en fregaos, para no vivirnos por instinto, como bien dice Zara (la segunda vez como máximo), le pueden ir dando a la experiencia.
Yo, hoy digo que por desgracia, no miro qué dice la experiencia de la última vez que esto pasó. No, me miro al espejo y me pregunto qué quiero, por qué lo quiero, cómo voy a ir a por ello y bla bla bla. A la vez sé que no puedo (ni quiero) frenarme, que todo ese rollo de las preguntas internas no es más que creernos seres pensantes. Soy puro sentimiento, puro instinto. Y así, las paso putas, sí, y es ahí cuando miro qué hice otras veces, cómo luché contra las adverisidades y cómo remonté. En esos casos pensaba cuando he dicho la frase final de 'bueno, a veces sí'. En cómo salir de dónde me he metido, o donde me he vuelto a meter por quinta vez.
En los amores, por ejemplo, me he metido en historias que ya dolían antes de poner el pie en la puerta. Y mírame. Continúo metiéndome. Y en esas pensaba cuando he empezado diciendo que 'uno aprende'. No digo que este sea el modo correcto de actuar, no digo que actuar por lo que creemos 'instinto' sea lo bueno, lo adecuado, lo que nos hace auténticos. Sigo pensando que debe ser un equilibrio de ambas partes. Ni lo mío ni el excesivo aire del salvavidas de Zara. Pero yo aun no he entrado en esa línea ancha desde la que no te caes. Yo sigo cayéndome.
Así que recurro a la experiencia a toro pasado. No previamente...

No sé si se me entiende!

Anónimo dijo...

Se te entiende, Bad. Y mi recomendación es que nunca dejes de dejarte caer. Que nunca dejes de elegir el dolor a la la seguridad, el riesgo al confort, la vida al paso tranquilo del tiempo.

Una buena cicatriz es, a menudo, la única prueba de que una vez fuimos valientes y, quizá, felices. Resulta agradable sentir que no están cerradas del todo y escuecen en días de lluvia.

Se aprende, claro. Y debes recordar que si aprendes una cosa cada día alcanzarás el conocimiento. Pero sólo si olvidas algo cada día llegarás a la sabiduría.

Dem

Nebroa dijo...

Me encanta, Dem
No voy a permitirme perder la vida pensando en lo que me pasó para que no me vuelva a pasar. No. Voy a seguir viviéndola. Una vez comenté por aquí cómo sería eso de que no tuviésemos experiencia. Despertar sin recuerdos... Uau!

Anónimo dijo...

Esa es mi chica.

Deja lo de recordar para mí, que soy ya un viejo amargado. Recordar, por ejemplo, aquellas tardes junto a la chimenea de una casa de campo que no llegué a conocer.