viernes, 21 de octubre de 2011

Construyendo destrucciones

Uno pone a volar películas en color a media tarde, uno se inventa que luego, después, grabaremos alguna con inicios innovadores y finales transgresores que se carguen el viento, las dunas, las dudas y el malestar que se viene arrastrando por los suelos de toda la semana. Uno piensa y sueña, se carga de imágenes la inmensa maleta de cuero negro y cadenas directas al cielo. Uno no deja de imaginar. Llena la pantalla de cuatro por cuatro. Mi mente es eso, a veces. Es eso cuando oye palabras que terminan en promesa y empiezan por posibles cuentos de los que se cuentan a la hora de la merienda. 

Los teléfonos deberían ser mudos. 

Uno entierra el paseo por el bosque verde que amplió con el objetivo de la cámara de ojos blancos y grandes. Uno aplasta y pisa y golpea sobre lo que pudo ser y no se movió. Sobre la alternativa tarde que fabricó en una industria llena de chocolate y fresa resbalando por no sé cuántos cuerpos que al final sólo eran dos. Uno asesina recuerdos que aun no se produjeron. Los momentos esos que no llegan a ser memoria también son de uno. Uno vive en ellos de pie y esbelto. Aunque luego, al volver a la tierra de la santa realidad lo que está clavado al suelo sólo sean las propias rodillas. Son latigazos de verdad verdadera arrinconando escenas. La película en color a media tarde son cinco minutos de voz saliendo de una radio antigua con forma de teléfono que te suelta un 'no puedo' entre las cejas.

Los teléfonos deberían ser mudos.
Otras promesas también.


2 comentarios:

Alicia García Curutchet dijo...

Hermoso!Emotivo, casi puede tocarse.
Un saludo

Nebroa dijo...

Alicia... yo lo leo y me sigue gustando! jajaj