jueves, 15 de septiembre de 2011

Y si yo también me quedo sin palabras

Con un mar en medio y mil trescientas nubes alrededor no logro darme cuenta de si sigue habiendo amor donde ayer dijiste que lo hubo. Yo necesito caricias entre dedos, aunque los dedos estén golpeando letras de un jodido teclado más frío que el invierno pasado. Necesito que se te salga por las esquinas de la boca que tienes ganas de verme, que me echas de menos y alguna que otra frase con las que siempre terminan los poemas exagerados. Quizá sí, quizá las tengas, tan guardadas como guardadas tengo yo todas las lágrimas que no vertí. Quizá sea sólo eso, que no sé mirarte creyendo que me quieres y voy poniendo cada una de tus (no) acciones en la balanza que siempre me da la razón. Pero quizá también sea que no se te desborda por dentro lo que en mí hace mucho tiempo que decidió que con este cuerpo de uno setenta no tiene ni para meter las huellas al pisar. No lo entiendo. A este cerebro no se le ilumina la pantalla comprensión, porque este cerebro está convencido de que amar es traducir, de que amar es volcar, de que amar es una pantalla de cine donde se proyectan cortos, trailer y otras que duran lo que duró ben-hur, pero no logra verlo cuando resulta que el óscar a la mejor interpretación se lo llevó el que mejor bordó el mejor guión del mejor cine mudo.

4 comentarios:

Fiebre dijo...

A este cerebro ya no le queda claro si hubo "una pizquita de amor siquiera", que el cine mudo siempre fue mudo... y la realidad es el teatro, que al fin y al cabo es lo que tocas con la punta de los dedos.

Claro que yo soy rubia.

Nebroa dijo...

Yo también fui rubia fiebre. Será eso, que a veces no me aclaro. Y quizá también sea eso, el teatro ambulante que me invento en cada pueblo por el que paso.

Pablo dijo...

http://www.youtube.com/watch?v=_4_pxTJp7zE

Nebroa dijo...

Pablo... Ven