lunes, 12 de septiembre de 2011

Y saber que este instante es todo lo que tengo

Aquí se están amontonando las piedras. Con los pies voy apartándolas, sin dejar de mirar al frente, al lugar hacia el que voy, al que persigo desde que a esta razón la llaman de esa forma. Las piedrecitas están, nunca se marchitan,  no son flores, no son árboles, son duras y a veces infinitamente crueles. Y casi todas tienen la misma forma. Hay quien les llama pensamientos. O ideas. me acompañan en el viaje, en el transcurso al mañana. Mi alma tiene planes, sabes. Mi mente también, pero sólo sabe aquello que ya supo. Por eso cuenta y grita de esa forma. Dice 'y si viene más dolor'. Dice 'y si no lo alcanzas'. Y le cuento y le grito que al fin y al cabo nadie nos va a quitar lo que suceda y lo que no. Que ocurrirá de igual manera. Eso sin creer a ciencia cierta que la realidad está formada por aquello que previamente pensamos. Aunque quiera creerlo mucho y muy fuerte. Pero mientras acierto a colar entre las rendijas que el universo es tan flexible como mi mente, tendré que dialogarme, y hablarme de nuevo, y volver a ser consciente de todo lo que me habita sin morirme de miedo en plena tarde. Y en esas estamos, danzando entre lo que quiero y lo que ni siquiera yo me concedo. 

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