jueves, 22 de septiembre de 2011

Verdad

Teníamos los ojos cerrados para poder ver la realidad
Y así fuimos creando milagros, porque otra cosa no, pero nosotros siempre fuimos realistas

Venía de vez en cuando la imaginación a estropearlo todo, con sus inconvenientes, con los kilómetros que nos separaban, con las murallas que él, en otro tiempo, construyó, y con mis castillos horrorosos a los que nadie podía ni quería subir. 
Pero siempre fuimos fieles a la verdad. Honestos. Coherentes. Valientes. Edificamos nuestro mundo, él tenaz y yo siempre luchadora. Y nos casamos sin anillos y sin cadenas. Nos casamos cada día, de hecho. Y todas las noches son noches de boda en nuestras camas separadas.

3 comentarios:

Nada más importa dijo...

Aunque me encantó el texto, más allá del estilo que siempre te recalco y todo eso, lo sentí al mismo tiempo esperanzador, tranquilo, bello y por otro lado muy triste y con toques de ironía.

Me gustó mucho la forma de describirlo todo.
Lo imaginé

E dijo...

Es.....precioso, triste pero increiblemente bien escrito...."todas las noches son noches de boda...", me encanta :)

Nebroa dijo...

Es triste, tremendamente triste. Y a la vez me remueve por dentro. Al final las realidades son propias, y tan sentidas y tan llenas que las vives como tu verdad. Luego... Luego hay muchos 'luegos', que lo estropean todo. Uno sabe que la verdad está ahí fuera, lo sabes y no puedes desprenderte de ese conocimiento. Y así vuelta y vuelta. Felices por dentro. Increiblemente tristes por fuera.