miércoles, 28 de septiembre de 2011

Para la Isabel que vive en el mar


Pues que estaba aquí como haciendo tiempo para bajarme a cenar y me he acordado de ti, porque Mónica ha puesto que Rafita toca el día 4 en Valencia... y bueno, nunca necesito nada para acordarme de ti, pero al leer eso me has venido así como una exhalación repentina al pulmón izquierdo, ya sabes, ahora me ha dado por llamarlo así que lo de esternón se me quedaba duro. Y mira que lo tengo duro, el corazón, que eso también lo sabes, sabes que es mentira, claro.
Y eso, que me acordaba de tu sonrisa bailando música en aquel concierto de Miguel Ríos, y cuando al Bruce le dio por hacernos caso en Valladolid tocando la gran bola de fuego. Y eso eras. Fuiste fuego ese día, aunque eso también lo sepas.
Aquí también sigo teniendo calor, por dentro y por fuera, sigo estando buena, como me recuerda Estefa, aunque hoy ya le haya contado a ella que por dentro casi estoy llegando a ese estado de putrefacción al que sólo llegan los que sienten equivocado. O alterado. O inadecuado. No, no, no temas, que ya aprendí que lo que yo tengo dentro es sano, y puro y pleno y gigante. Ya no me enfado nunca conmigo por sentir a lo salvaje. Tampoco es que me enfade con los que no lo hacen como yo. Es otra cosa, es un olor a podrido que viene de lejos. Eso es lo malo, que aun cuando lloro sigo trayendo a este espacio todas aquellas cosas por las que lloré. Y se vuelve todo infinitamente más grande de lo que es. Pero como soy consciente y de ti aprendí aquello de que tengo crédito infinito para perdonarme, amarme y respetarme, quizá huela a veces a podrido, pero ni te imaginas la de desodorantes, geles, cremas y perfumes que me fabrico para las peores ocasiones. 
Tampoco es que esta sea una mala ocasión, es una de tantas. Cuando me encargo de ponerles nombre, como ese de 'mala', te escribo, como ahora, para que sepas que sigo enamorada del mismo camino que un día huele a juntos y otro a separados. Y así vamos, revolviendo el cielo a ver si me pone en los morros todas las estrellas o le da por ponerse del todo a oscuras. Yo ya sé qué cielo llevo dentro. Se parece al tuyo. Y ya sabes lo bien que me sienta eso. 
Y nada, que me voy a cenar, al final estos renglones sólo son para decirte que te sigo queriendo a destajo, como tú bien dices y escribes. Todo el rato además. Y que en vez de abrir el correo para hablarte he abierto el blog, al fin y al cabo esto de quererte como te quiero bien vale una noticia en este telediario.

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