sábado, 3 de septiembre de 2011

Futuros invisibles

Cogíamos la nacional buscando huecos vacíos de gente, sin ojos, sin espías, sin sombras que nos persiguieran. Hacíamos kilómetros juntos, los tres, él y yo y la barrera de acero que se colaba entre los dedos cuando movíamos las manos contándonos cosas. Cosas sin sentido, cosas sin aparente interés, sólo rellenábamos momentos, para que el silencio no incomodase el presente que siempre olía a algún otro día en el más allá. 
Volábamos juntos, sin tener alas ni aviones de papel, sólo conducíamos a ninguna parte, para dar la vuelta en el primer cambio de sentido. Todo era un símbolo. Cambio de sentido, ambos lo queríamos, ambos lo sentíamos, aunque ninguno de los dos tuviera el coraje de lanzarse al vacío, al precipicio de lo desconocido, donde seríamos grandes y fuertes, valientes con miedo a no tenerle miedo a nada. Corríamos por las rodillas del otro, yo le regalaba caricias para todo el día y él me tiraba besos a dos centímetros de la boca. Nos mirábamos con los ojos, con el pelo, con la cara entera, con las piernas, con el cuerpo, nos mirábamos a escondidas. Yo quería hacerle el amor y él quería amarme haciéndomelo a la vez. Follábamos de mentira, follábamos de broma, de hecho follábamos todo el día, pero de eso la realidad nunca se enteraba porque nunca hacíamos nada. Lo sabíamos nosotros. Con eso, en aquel tiempo, era suficiente. 

Ahora es hoy mismo, mientras escribo él duerme en la cama que compramos en aquel almacén de segunda mano. Cuando no teníamos dinero para viajar pero darnos la vuelta entre almohadas era como dar la vuelta al mundo en avioneta.  Pues así. Así empezamos este viaje que nos llena las suelas, los pasos, el camino y el recorrido. Él me llena de un todo sin nombre y yo le lleno a todas horas. Ahora hacemos kilómetros en barco, ahora cogemos trenes sin el billete de vuelta, ahora conduce él y después lo hago yo. Y todo eso lo hacemos en el mismo sitio, en nuestra cama de sábanas feas. Ahora nos hacemos de todo ante los ojos de todos. Ahora no tenemos miedo. Ni dinero. Ni una casa que sea nuestra ni dos coches en la puerta. Pero nos tenemos. Los dos queríamos sólo esto. Tenernos. Por eso la vida está ahora tan llena de besos, y versos, y poemas. Y  carreteras. Todas son nuestras, como nuestro es todo el tiempo que nos queda. 
Somos ricos aunque nadie lo sepa.

6 comentarios:

Legio optima dijo...

Y ahora en esta vieja cama, rodeados de poemas que nuestros dedos han reescrito miles de veces, tantas como estrellas vemos por las noches, tan brillantes como el sol que nos rodea en los montes en los que nos amamos, sin pudor y sin vacíos entre los dos, ansiosos por estar unidos. Unidos para estar contentos y felices de estar asidos al mismo bastón, y aún todavía tras tantas mañanas y tardes y noches y amaneceres en cada nuevo beso, en cada lengua enlazada sentimos que el tiempo se estira y se encoge, asustado por la intensidad del encuentro permanente en el que nos cosemos las bocas, en que nos restregamos los cuerpos y en donde las almas explotan en una supernova cada vez que nos sentimos y nos paladeamos en nuestra burbuja de lujuria y sed constante

Nebroa dijo...

Luego será allí, donde el lecho será la cama, donde no habitarán más que los cuerpos que inundamos de búsquedas y encuentros. Luego allí no quedaremos nosotros, pero quedarán los recuerdos, de media vida hecha una entera tan solo porque conseguimos unirnos.

En la tumba no estamos, aunque vayan a vernos de vez en cuando los amigos a los que tantas veces les contábamos nuestros sueños sin que ellos supieran de qué hablábamos.

Allí veo el que fue tu cuerpo. Al lado está lo que una vez fue mío. Y aun aquí, a este lado de todas esas carreteras que creíamos reales, seguimos teniéndonos.

;)

Nebroa dijo...

Quiero decir que, cuanto más la leo, más me gusta esta entrada

Fiebre dijo...

Y a Mí.

Y más ganas me dan de matarlo...

Nebroa dijo...

Y a mí

Frida la Llorona dijo...

Magnífica plasmación de el amor enamorado del amor.
Que guapo te quedó....

Lo de las ganas de matar...totalmente humano después de algo así.

Un abrazo y tres tequilas...