martes, 20 de septiembre de 2011

Esto es un milímetro de un lienzo de dos metros

No es que no me esté pasando lo de estar enfadada, frustrada y desilusionada. Me pasa, de hecho es lo que más brilla en mis noches, considerando noches las horas comprendidas entre las cero y las veinticuatro. Quizá estoy más enfadada, más frustrada y más desilusionada que nunca. Bueno, ahora menos, considerando ahora este mísero momento en el que escribo. Estaba persiguiendo un sueño, el sueño de siempre, que no ha cambiado. Estaba empeñada en que sucediese. Creía en él. Y aun queda algo, es cierto. Pero se me ha ido destrozando delante de la boquita de piñón enorme que me gasto como embudo de palabras. Eso es lo que no cuento y me quedo para mí y los míos, considerando míos  mis órganos vitales llamados corazón, entrepierna y sienes. 
Esta vez mi aprendizaje está siendo tan bestia, tan ametralladora de la guerra de vietnam que traducirlo aquí en letras formadas por curvas y rectas es tan pequeño, tan poquita cosa, tan diminuto, que me espero. Me espero a entenderlo, a asumirlo, a trascenderlo. Y luego ya si eso cuento. O no, ya sabes tú cómo funciona esto. 
Aquí. Para mí. Porque yo no he dejado de contármelo. 
Sabes qué pasa? que este blog lo leen demasiados ojos. Que yo ya no tengo ganas de juicios externos. Y mucho menos de palmaditas en la espalda. Una cosa es lo público y otra lo privado. Pero es que además luego está lo íntimo. Ahí es donde ahora vivo. Yo conmigo y de compañía mi espejo. 
Claro que merezco más. Eso precisamente es lo que aprendo. La frase de la última entrada no es casual. Es el efecto de todo lo que cocino aquí, entre el esternón, el pulmón izquierdo y mi mejor pezón. 
Constructiva? Más que nunca tal vez. O una vez más, más bien. Y mejor. Siempre es mejor que la última vez. 
Hasta he pensado en destrozar este lugar. Fugarme a otro con mejores vistas, hoy mismo me lo decía P, cuando vayas a hacer algo que nunca has hecho vete a un sitio en el que no hayas estado nunca. Y tiene razón. 
Mi pasado está agonizando. Y estoy infinitamente feliz de verlo morir. Todo no, digo ese, ese que vivía continuamente en una guerra. Y tú sabes que tengo mucho dentro, pero lo que yo siempre he querido es la paz.  Y esa es precisamente la que está naciendo. 

5 comentarios:

Maeve dijo...

Me ha gustado mucho todo lo que he leído.

Creo que una de las experiencias más frustrantes y más autocastradoras que he vivido el año pasado fue la autocensura de mi casa. En mi caso, una vez decidido el traslado, seguir con el blog no parecía tener mucho sentido, pero eso no tiene porque ser así para ti. Y, de hecho, retomaré el cuenco en algún momento.

Pero ciertas cosas necesitan de espacios más pequeños y públicos menos públicos. Más amigos.

Cebolla.

jok dijo...

no puedo ser juez,,,pero hace poco que aprecio en tus palabras escritas una nueva nebro que al menos yo nunca antes adverti,,,y me gusta¡¡¡

Nada más importa dijo...

Sentir que nace la paz, debe ser glorioso.
Nacer desde ya es un acto de fuerza impresionante, y en este caso, no es menor el paso.
Me pasa lo mismo cuando pienso en todo lo que escribiste, me cuestiono a mi misma. Qus si soy obsecuente, idiota, insulsa, sentimentalista (que lo soy!), o quizás un tanto extremista en mis pensamientos.
Pero eso finalmente no importa.
Lo bueno es la conclusión y la tranquilidad que se avecina.

Un beso grande!

Nebroa dijo...

Pues eso es Maeve, eso es. Que requiere de tal fortaleza lo de desprenderse de algo que fuiste (o apartarlo, o asumirlo como pasado, o como quieras llamarlo) que una da vueltas, se deja ver menos o cuenta otras cosas, para no hacerlo del todo. Pero sí, es adecuado rodearse de ojos cercanos, de esos que brillan cuando brillo yo :)

joook!... A Ana también le gusta más la nueva Nebro :)

Nada, siempre es eso. Saberte, conocerte y aceptarte. Y yo lo voy consiguiendo. Antes, cuando abrí este blog, las razones fueron muchas, entre ellas poner al descubierto lo peor de mí para ayudarme a aceptarlo. Era como una ventana abierta: estas son mis miserias, las extraigo para saber que existen y para poder trascenderlas. Ahora que mis miserias son mías y las abrazo tan fuerte como a mis alegrías, podría seguir escribiendo de otras cosas, de las afueras, pero cerrar este antro tb sería cerrar una etapa. Al final el subconsciente se mueve por símbolos y metáforas y quizá esa le vendría de muerte para situarse mejor

jok dijo...

jaja,,,,y ademas es Ana la unica que la puede juzgar.




gracias¡¡¡