jueves, 21 de julio de 2011

Sin cauce por donde derramarme

Galopando las ganas entre los dedos, las manos como serpientes de colas largas y lenguas rojas. Aquí sentada en una silla con olor a trono encumbrado al cielo, sobre escaleras que llevan a cuentos, historias, relatos, sueños y demás ilusiones. No sé cómo hacerlo, no sé por dónde empezar a contarte que entre los botones de la camisa y la columna vertebral que me sustenta me cabe un universo tan denso que ni empieza ni termina ni tiene forma.
Y sin formas no puedo, ni debo, ni quiero continuar mintiendo.
Vivir y destrozarme las suelas de taconear el tablao de los días, y las noches y las tardes cálidas lamiéndote versos en la oreja. Hablar de la distancia, del olvido, de esta semana que parece la eternidad que relata la biblia. Nuestra biblia en capítulos, los versículos y los párrafos lentos lamiéndote la silueta al despertar de una noche de pesadillas y sudores.
Todo a la vez, todo quieto.
De tu corazón y el mío montando a caballo sobre el mar. De los párpados donde quiero morirme, de las cicatrices que quiero arrancarte. De tus ojos. Siempre de tus ojos color tierra.
De este sonido salvaje que empieza a oler a silencio suave.

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