miércoles, 27 de julio de 2011

En cinco minutos cambiamos el atrezzo

Vuelvo a llorar con frecuencia. Es un llanto que se escapa sin embudo alguno. Viene de repente, ante palabras que tocan lo que con ahínco cubro con el cartel de 'zona video-vigilada'. Las cámaras no emiten imágenes, se ha convertido en un lugar al que accedo con rapidez ante el mínimo soplido de aire externo. Muerte y vida son dos palabras que llegan sin pestañear. Esas y otro millón más.

A la vez descanso en mi pecho, sola. Me abrazo sin brazos y me beso sin lengua. A la vez estoy conmigo, aunque llore con frecuencia sin embudo.

Hoy me han dicho que nunca han conocido a una mujer tan guapa y simpática como yo. Y me lo he creído aunque sepa que es mentira. Hacía cinco minutos que había llorado en el coche pero él no lo sabía. Nos reíamos de los clientes de su bar, de cómo se quita la ira jugando con su hijo y de lo malo que es guardar las apariencias. Si hubiera tenido ganas de llorar en ese momento, lo hubiera hecho.

Y en todos sitios soy. Aunque sigo sintiendo que algunos lugares son mejores para pasear.

1 comentario:

Minuet dijo...

respeto tu silencio...