sábado, 23 de julio de 2011

El invierno y las flores

No me gustan esas flores que la gente pone en los rincones donde un alguien cercano se dejó el aliento. No me gustan porque no huelen más que un día, o dos. No me gustan porque las veo y veo todas esas lágrimas intentando darles vida cayendo sobre ellas. Y veo dolor y recuerdos de esos tan dolorosos que parece que todas las flores tienen más espinas que pétalos, hojas o raíces. No me gustan porque me llevan al pasado, al ayer, al tiempo que ya no existe y que nos empeñamos en retener y atraer, moviéndonos por caminos invisibles, aferrados a un ayer que no volverá impidiéndonos seguir adelante. No me gustan porque encierran, encarcelan, atan la vida a una farola, a una señal, a una cuneta. Y la vida no está allí aunque a veces se pasee por esas esquinas.
Y entiendo el recuerdo y el respeto, el no te olvidaré nunca, el sigues estando conmigo.

Pero no me gustan las flores en el asfalto. Las flores en los jardines, en la solapa, en la boca para bailar un tango. La primavera en una cama, en la luna delantera del coche cuando vas de viaje, en los bolsillos de tu vestido de lino blanco bailando contigo.
Las flores frescas o secas no quedan bien sobre el gris de la muerte. Creo.

1 comentario:

ana dijo...

No,no queda bien. Inmóviles, nos recuerdan aún más poderosa la pérdida.

Saludos.