miércoles, 8 de junio de 2011

Sólo por dentro

Es grande el amor, tan grande y tan inmenso
que a veces nos liamos, lo confundimos
y llamamos a otras cosas amor del bueno

En este final voy aprendiendo que cada uno siente a su manera. Y lo expresa como mejor le viene al momento. Que no hay expresiones de amor válidas para todo el mundo. Ni quizá para la mitad del mismo mundo.
Hace mucho que no me llaman a las tres de la madrugada para decirme que me quieren, ni tengo mensajes con letras en rojo salvaje taladrando en el móvil que me llevarían a la primera pared que limita mi pasillo. No tengo susurros en el oído queriendo comerme la boca. Ni ramos de margaritas. Ni secuestros en plena siesta. No padecen insomnios por la que escribe. Y no recuerdo escapadas en coche dirección al sol con las piernas en el salpicadero. Ni cuatrocientos kilómetros para acariciarme durante una hora el pelo.
Pero fíjate, hay quien dijo una vez, muy flojito y mirando a otro lado, que sí, que tal vez aquello se parecía a estar enamorado. Y yo, dudando entre creérmelo o saberlo, entre intuirlo o conocerlo, un día pensé que tal vez fuese cierto. Aunque su manera de sentir nunca se pareciera a la mía. Como un todo y un completo. Un ahora lo siento en el pecho y ahora se me sale tanto que sin palabras me muero, que tengo que mover el cuerpo para cubrir el tuyo, o raptarte del trabajo para llevarte a la orilla del mar más cercano, o escribir poemas, o enviar mensajes desplegando al águila que a veces me gobierna.
La cuestión es quién soy yo para medir cómo los demás sienten, para valorar si es amor, necesidad, deseo o apego. Si es tontería, tontuna, gilipollez al cuadrado o capricho pasajero. Quizá todo esté hecho de lo mismo aunque en las formas cada uno escoja lo que mejor le sienta.
A veces no sé si este corazón tendrá suficiente (más bien si se sentirá pleno) con un amor de esos que en las afueras no pueda medirse como yo lo expreso. Lo que cada día tengo más claro es el color del que me habita a mí por dentro. Parece que al final es sólo eso. Mirar y observar si el de enfrente y el propio logran hacer juego.

Inspirado de aquí

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