jueves, 16 de junio de 2011

No iba a enviarlo, total es sólo un texto narrando todas esas cosas que se hacen sin que nadie las narre. Le contaba el otro día a no sé quién que hacemos millones de cosas al día tan literarias, tan adornables, tan puturrú de fuá que pa'qué contarte pa qué... Quizá sólo necesitemos eso, ponerle letras a los hechos, convertir en palabras las acciones y darles más forma y más flores en el papel para convertir la rutina en especial y lo cotidiano en algo extra. Eso es lo que hacemos estos que nacimos con ganas de escribir. Traducir lo que hay dentro o traducir lo que hacemos fuera, como uno de esos traductores de google que te lo hacen todo en un segundo para que lo entiendas a la perfección. Lo que tienen los traductores y tenemos los que escribimos cosas es que no siempre acertamos. El traductor de google por ejemplo, a los fans les llamaba ventiladores. Igual pasa con estas palabras o las de más abajo, que yo hablo de un invierno y a lo mejor para el otro el invierno no es el frío ni lo helado ni el significado de la oscuridad interna. Si digo sexo piensas en el tuyo, en lo que es para ti. Y nunca sabrás lo que es para mí.
El texto que, finalmente, he enviado hablaba de eso, de sexo. Pero en realidad era de amor. Que básicamente es lo mismo, pero como digo, no todos piensan igual.

Nada, aquí, traduciendo pensamientos a la vez que me llegan...

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