domingo, 5 de junio de 2011

Imagino lo que quiero

En ese espacio donde imagino la realidad más profunda que nadie más puede ver más que yo cuando la invento, creaba a mi cerebro dándome vueltas. Mi cerebro, como un algodón, como aquellos chupitos de los bares donde la granadina rodeaba a una nube de Gressy dejándolo envuelto en sangre de mentira, en color carmín derramado. En el mismo color que tiene el infierno en el que nunca creí pero que algunos recreaban para mí.
Y así veía a mi cerebro antes, cuando mis caminos eran estrechos y las sendas que transitaba iban abriéndome paso a este ahora, aunque en aquel antes yo nunca lo supiera.
Ahora mi cerebro tiene forma de nave espacial, es de gelatina y se mueve como los flanes que a veces me bebo de un sorbo. Y está iluminado, tan iluminado como las ferias ambulantes, como la atracción estrella de un parque de atracciones nómada que cabalga entre otra ciudad y la mía.
Se ilumina, es blanco, aunque a veces hay destellos plateados coronándolo, otras veces el color dorado que nunca me gustó en las joyas abandona las pulseras y los pendientes y los anillos que rodean pieles para venirse a vivir a mi cerebro. Como los tesoros de las pelis de piratas, como eso que hay dentro del cofre que siempre reposa en el fondo de algún mar perdido. Así es mi cerebro.
Capaz de crear, de creer, de dilatarse o contraerse a mi placer. Y lo visualizo pequeñito, del tamaño de la uña del dedo más pequeño que te apunta, cuando pienso en el miedo.
Y lo veo tan inmenso que a veces me falta cabeza para apresarlo, cuando pienso en amor, en risas y en una danza en alguna aldea africana expuesta al sol y a las hojas más verdes del mundo.
Luego me lo imagino trabajando cuando yo duermo, apagando por mí las redes neuronales que otrora funcionaron para guiarme. Y encendiendo otras nuevas, las que he decidido prender de flores blancas y nieve derritiéndose. Mi cerebro tiene forma de corazón, como los corazones con los que alguna vez coroné las ies que se colaban en medio de mis letras cuando tenía menos años que el tú que empezó a razonar.
Mi cerebro me vierte en los órganos el amor y la calma. Así lo veo por las noches, en todas las noches que aparecen ante mí cuando cierro los ojos y bajo los párpados como persianas de negocio recien abierto.
Mi cerebro ya no se lamenta ni llora ni se queja. Mi cerebro lleva una banda colgada de las alas, pone 'soy amor y en amor me convierto'. Y parece la reina de las fiestas, y la reina de las alegrías y las palmas.
Mi cerebro resucita de entre los muertos, se me apagaba, lo veía de entierro, de paso fúnebre y en ciclos de duelo. Ahora me lo invento pleno, de cumpleaños y de aniversario. De fiestas de guardar y domingos con traje nuevo para estrenar.
Sabes dónde lo he llevado esta mañana? A la misma bañera donde sueño bucear contigo con los dedos llenos de espuma.
Luego lo llevaré a la orilla de la playa, donde sueño que abro tanto los brazos que se me queda pequeño el cielo, y lo convierto en águila, en poder y en ganas, para beberme de un soplo esta vida que realizo, entre lo que una vez fui y lo que ahora ya estoy siendo.
Mi cerebro es una luz que hace juego conmigo. Y a mí me gusta jugar...

5 comentarios:

PazzaP dijo...

Y lo que quieres, ¿lo imaginas...?

Nebroa dijo...

Mmm... por qué crees que imagino así mi cerebro?
Al final no es lo mismo? Querer lo que imagino, imaginar lo que quiero...
Dime, dime, cuéntame más cosas, pregunta, pregunta!! :D

Toni Barnils dijo...

Todo entra en él, todo, en ocasiones es mi temor, poder albergar cosas en estado latente a la espera de su momento, pero creo que estaré allí para el combate.

Un abrazo

PazzaP dijo...

La duda viene de que no es lo mismo imaginar lo que uno quiere, desea, ama, que imaginar lo que le da la gana, o lo primero que le pasa por debajo del sombrero... ;P

Que a veces uno no quiere imaginar lo que imagina, pero lo imagina y no sabe qué hacer para no imaginarlo...

bison dijo...

Envuelto por la luz de las galaxias cruza entre la nebulosa de Orión y las Puertas de Thanhausen rastreando las líneas de gelatina oscura que deja la nave cerebro en su búsqueda del Sol primigenio, la primera casa de la Humanidad.
Peligros desconocidos bajo todas las formas mentales de ilusoria realidad se cruzan en su tránsito. Más allá de la materia oscura del universo, cuentan las leyendas del Origen, que existe una puerta dimensional que comunica con un sol de inmensa luz que no deslumbra, el sol original, fuente de armónicos de construcción y renovación galáctica.