jueves, 16 de junio de 2011

El ritual

Siempre desayunamos juntos, él me observa cuando parto la tostada en tres, cuatro o incluso cinco trocitos. Me mira como el que observa a un artesano haciendo cuencos de barro y polvo con las manos envejecidas por el tiempo. Yo sé que me mira. Como él sabe que lo miro cuando recien llegado el cortado a la barra frente a él, levanta el vaso y aparta el plato hacia atrás. No le gusta que el vaso baile, dice. Antes, cuando yo bebía café solo y él prefería el mismo café que ahora, siempre le quitaba la crema de su vaso para ponérsela al mío. Sé que le daba rabia, lo sé porque a mí me molesta que me la quiten, pero nunca decía nada. Me acercaba el vaso para que me pusiera la que quisiera...
La verdad es que el amor a veces se nos sale por las pestañas. Es amor expandido en los desayunos y en las charlas en la puerta mientras fumamos un cigarro. Él ya no fuma. Hasta que vuelva a hacerlo, pero sigue acompañándome. Es como un ritual, dos cortados, media tostada, un cigarro. Y lo compartimos como el que comparte el primer tesoro del día. Como el primer trago que bebemos, que nos hace cerrar los ojos como si ninguna otra cosa hermosa fuese mejor que ese instante. Empezar el día con él hace que el día empiece bien. Así, tal cual.
Y lo cuento porque llevo dos días desayunando sola, sin él, y el café no está bueno y la tostada está fría y a medio hacer. Es lo que tiene la amistad...
Te quiero E

5 comentarios:

Benito Olmo dijo...

El café nunca sabe igual. Algunas veces sabe más a cariño, a dulzura... y otras solo es café.

Nebroa dijo...

Con mi amigo E sabe siempre BIEN. No sé si a amistad, a ternura, a amor, a complicidad... Pero siempre sabe BIEN!

Maeve dijo...

Que no ocurrirá en esos desayunos y el peligro que tenéis los dos :)

Nebroa dijo...

vente un díaaaaa!

Maeve dijo...

...Cualquier día. Será tremendo :)