miércoles, 25 de mayo de 2011

Mientras pienso

Y en los anclajes. En las ataduras. En lo que nos cuesta salir de lo habitual y rutinario. En la negativa extrema a soñar primero y vivir después la vida que queramos. El que ni siquiera nos planteemos qué me gusta, qué me inspira, qué me motiva. Seguir y seguir vagando por una vida inmensa que reducimos a casi miseria sólo por no parar, ni frenar, ni poner de frente un espejo enorme en el que vernos tal cual somos. No tal y como nos educaron. No. Salir de ahí, imaginar incluso que ni siquiera seríamos lo que creemos ser, nuestra identidad, si hubiésemos nacido en otro país. Tan apretados, encorsetados, yo creo esto, yo defiendo esto, yo eso no lo tolero. Bien, vale, pero hemos pasado por el proceso de 'es esto en lo que creo', 'es esto mío o me lo han metido con calzador sin que yo me enterase'?
Esta mañana hablábamos del sexo. De lo que les cuesta a muchos dejarse llevar. Sentir. Disfrutar. Experimentar. Aquí o allí. Por qué sólo en la cama. Por qué no empezar el sexo con palabras? Y las expresiones de amor, y de cariño, y de amistad. Bloqueados sin darle un abrazo al que más quieres sólo porque alguien te dijo que no estaba bien hacerlo a menudo. Por el qué pensarán, por el qué dirán.
El otro le decía a mi padre que cuando quiero tomar café en soledad, tengo que escoger otro bar, porque en el de siempre tengo la suerte de que me acompañen a cada instante. Y me decía que a saber qué pensarían los demás cuando me viesen sola entrar a un bar. Los demás? qué demás? Quiénes? Y qué pensarán de mí? y qué más me dará a mí lo que piensen los demás?
Y así una vez tras otra, las normas, las leyes, lo correcto, lo adecuado. El decoro y el protocolo, eso queda bien, eso no. Aquí no. Allí tampoco que me da vergüenza.

Nada, pensaba sin parar en muchas cosas...

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