lunes, 16 de mayo de 2011

Hay otra forma de contarlo que no es diciéndolo

Es lo que pasa cuando en la boca no te caben las palabras para contar todo lo que hay dentro.
Que quieres que tu lengua sea una pista de esquí, el tobogán más largo de la feria del agua. Que las cuerdas vocales se parezcan a aquellas en las que me colgaba de pequeña para mover la enorme campana que presidía la iglesia del pueblo. Es que quieres tener en la garganta lazos de ocho millas, columpios como los del circo por donde se descuelgan los que hacen piruetas. Querer que las letras se dupliquen, que no sólo tengas veintiocho a las que darles la vuelta en modo peonza de los once años. Es imaginarte tu boca como la cueva donde pintaban retratos difusos los de neandertal. Es pretender que los sonidos que emitas sean como los que el eco te devuelve cuando gritas poseída por el cielo en los lagos de Covadonga.
Es querer eso y no tenerlo.
Es mirarte la boca en el espejo y ver dos algodones rojos, dos almohadillas agrietadas que dicen llamarse labios y saber que por ese pequeño hueco jamás podrá salir el aliento infinito que te empieza a crecer dentro.
Y optar por el silencio, que no tiene espacio, que no cabe en el tiempo. Es lo más parecido al universo que lleva varios días viviendo en mi pecho.

2 comentarios:

silvo dijo...

Un enorme mundo interior que hace empequeñecerse todo, hay otro enorme mundo exterior si entran en comunicación el infinito será posible, besos Nebroa

Nebroa dijo...

En esas estamos Silvo, en esas! En el equilibrio que una lo que tengo y siento dentro con lo que veo y percibo fuera. Puede ser grandioso, no? :)