domingo, 8 de mayo de 2011

En lo cotidiano también hay belleza

Me cuenta mi madre una de esas cosas que me hacen seguir confiando en la vida...
Hay un chico en el pueblo al que desde siempre le ha apasionado China, el chino, los chinos, lo amarillo, los limones y los ojos enfilados... Resulta que mi madre limpia la iglesia con la suya y el otro día, en una plegaria abierta y en voz alta a la imagen del cristo, la madre del chico decía:

-Dios, yo no te pido nada para mí, pero si mi hijo va a ser feliz en China, pues a ver si puedes concederle el deseo

Ir a China a estudiar, a trabajar, a pasar unos años les cuesta algo así como un ojo normal más cuartro de los estirados, por lo que como es evidente, el pobre chico lo tiene difícil.
La cuestión es que otra de las amigas generosas que limpian el templo la oyó y dijo:

-Coño! mi cuñado ha montado una empresa en China y seguro que le vendrá estupendamente que tu hijo trabaje con él, que le pague lo justo para vivir y oye, sale todo el mundo beneficiado

Y mi madre me lo cuenta durante la cena, yo paro de jalufar y me quedo pensando en lo bonita que es a veces la vida, en cómo nos utiliza para ayudarnos unos a otros y en cómo no pierde la oportunidad para mostrarse como generosa y abundante en cuanto a peticiones y deseos.
Por qué no? Me quedo pensando en que quiero más de esas, más noticias que favorezcan y me ayuden a resurgir, a avanzar y a seguir confiando en la vida en la que creo...

6 comentarios:

lurdes dijo...

Bonita historia,y como la vida nos pone a veces ,en ese lugar propicio para que la suerte nos acompañe.Solo esta en nosotros en saber coger ese tren de la oportunidad.Un saludo

silvo dijo...

Jope, qué rápido anda el cielo últimamente, saludos

Alberto Ruiz Castillo dijo...

Sin duda hermoso. Ves Neb, otra caUsalidad....
tq

gora dijo...

La he leído varias veces y lo único que me sale es sonreir...

Roque dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Roque dijo...

Vaya con Dios... Y yo que pensaba que andaba ocupado con los que no tienen que llevarse a la boca, y resulta que tiene oídos para todos, hasta para aquellos que, una vez satisfecho su cuerpo, osan pedirle que les alivie también los dolores de su espíritu.

No concibo un Dios que anteponga los deseos de los espíritus insatisfechos a los de los cuerpos desnutridos. Mientras halla hambre y miseria, Dios no debe tener tiempo para nada más.

Leyéndote me ha surgido una pregunta: ¿a tu madre y a su amiga les pagan por limpiar la iglesia?