martes, 31 de mayo de 2011

De no usarlas se me están muriendo las piedras. Ya sabes, con las que me daba en los huesos del corazón, que ya sé que el corazón no tiene huesos, pero así puedo explicarte para que lo entiendas, que de blandito tenía poco y daba tanto miedo verlo tan tosco y basto que la dureza del diamante le parecía un batido del mejor chocolate.
Erosión lo llaman, a lo de derretir lo pétreo de mis costumbres y lo amargo de mis párrafos.
Pero ahí estaba yo, ingeniándomelas con las rectas para derrapar en las curvas de cada jodida lágrima que soltaba al hablar. Porque otra cosa no, pero llantos unos pocos, y lamentos otros tantos.
Así que entre que las piedras van soltando arena y el infierno se ha quedado sin leña, dime tú ahora de qué hablará mi estómago, que se queja de que el espacio le parece austero y el tiempo algo más que eterno.
Y le cuento y le digo que de alimentos está lleno el mundo, y me cuenta y me dice que no le sacian los versos revueltos. Ni los cambios ni las transformaciones. Ni lo que altero ni lo que muevo. Que de eso nada sabe el presente ni mucho menos el pasado con el que tan bien lo engordaba.
Todo depende de hacia qué lado quieras crecer. Si prefieres un sombrero de copa tendrás que beberte un tinto, y ya sabes que de borracheras la que escribe se sacó la carrera. Y si prefieres llevar uno de bruja tendrás que seguir inventándote pócimas. Y otra cosa no, pero a mí siempre me han dicho que lo único que me falta para volar es una de esas grandes escobas.
El esternón sigue hablando, que de silencio sabe más bien poco, pero aquí me tienes, dispuesta a buscar comida allí donde antes sólo veía utopías y otras mil trescientas rimas.
Que no. Que quiero ser bruja. De las que se llaman hadas en los cuentos que ya no cuentan lágrimas.

Esta es mi entrada número 2000... No sé si alegrarme o a irme a tocar el cielo directamente! Uau!!

No hay comentarios: