sábado, 30 de abril de 2011

Y el tiempo, enredado en agujas y cifras, ondeando entre las horas y los segundos que se agitan abriéndonos la vida, se para de repente, envejece. Que tres segundos duran un cuarto de eternidad y algunos días parecen tardar más de tres siglos en volver a verle la cara a la luna. Y más tarde se vuelve a enredar, se te quedan pegados los instantes al costado, y no se despegan, y nada avanza, las nubes quietas, el horizonte impasible, la tierra inmóvil. Nunca dura tanto el presente excepto cuando te piden que mires al mañana para creerte que será mejor. Hoy he vivido dos años.

1 comentario:

MK42 dijo...

Sintonía de Sur a Este. Te lo escribí ayer akí: envejezco a la velocidad de la luz y esta semana algún médico apretará el acelerador del tiempo... para detenerlo con esa cara de gilipollas que se queda al salir de la consulta Joder, ké lejos estás, Ne. Y qué cerca.