lunes, 18 de abril de 2011

Y confiar en las verdades eternas escritas en las paredes de las cuevas, que no hay maderas que retengan el mar, ni puertas a la salida de los océanos. Que no sirven las cadenas para apresar un trocito de felicidad como no sirven las huidas para evitar las lágrimas. Que andamos vagabundeando, creyéndonos reyes de pueblos desconocidos, autores y presidentes, dictadores en ciudades sin banderas y acabamos fusilados por el viento, atravesados por los relámpagos y condenados a SENTIR.
Y el amor en forma de brisa y luego más amor con la silueta del sol y luego otro poquito más con la sombra calcada al universo.
Y tú en medio, creyendo que puedes matar el oxígeno, y tú confiando en las balas mentales para acabar con la luz, y tú perdida sin saber en qué botella caben todos los mensajes que hay en la arena. Te mueves, te escondes, te quieres transformar en embudo para apresar a la atmósfera, en cilindro que electrocute la lluvia, en cajita de música que guarde todos los silencios.
Y sólo eres tú, un corazón que no sabe hacer otra cosa que soñar con las verdades escritas en las cuevas.

3 comentarios:

manolilloc2c dijo...

condenados a sentir...¡qué dulce condena!

Toni Barnils dijo...

Bonita visión del sentimiento más dulce y a la par más agrio....pero sin el cual no podemos decir qué somos.....

Nebroa dijo...

Manuel... Sí? Sea lo que sea aquello que sientes?

Toni, bienvenido :) Sí, doble visión, como en todo lo demás. Sin el negro no existiría el blanco, no?