lunes, 4 de abril de 2011

No puede ser. Y no será, que sé que también es cierto. Pero hasta entonces no dejo de recordar cómo olía tu cuello. Y cómo me gustaría anidar en ti alguna que otra eternidad. Fue especial, de esos abrazos que no abundan, de los que erizan los pulmones. Sabes? hacía tanto tiempo que no tenía uno de esos que empiezo a creer que no fue cierto. Que sólo fueron las seis cervezas y que el resto lo puso la imaginación que aparece por las noches a levantarme el pelo. Y quisiera haber retenido el tiempo. Estirarlo, moverlo hasta este lunes despiadado con vistas al olvido. Porque tendremos que olvidarnos y hoy debería ser un día perfecto para hacerlo.


Y querer meterme dentro
y empezar a volar sin paracaídas,
moverte las entrañas
y descolgarme cuesta abajo.

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